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        <title type="main" level="a">El Vesubio en la correspondencia de Carlos de Borbón</title>
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            <surname>Mas Galvañ</surname>
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          <resp>This is a section of <title>Accademie e luoghi del sapere tra Italia e Spagna nel lungo Settecento / Academias y lugares del saber en el largo siglo XVIII entre Italia y España</title>(DOI: <idno type="DOI">10.36253/979-12-215-0989-2</idno>) by </resp>
          <name>Niccolò Guasti, Cinzia Recca, Mónica Bolufer Peruga, Fernando Durán López</name>
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        <publisher>Firenze University Press</publisher>
        <pubPlace>Florence</pubPlace>
        <date when="2026">2026</date>
        <idno type="DOI">https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.07</idno>
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          <p>Available for academic research purposes</p>
          <p>Open Access</p>
          <p>Copyright Author(s)</p>
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        <p>This is original content, published for academic research purposes</p>
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        <p>Charles of Bourbon's interest in Vesuvius is evident from his arrival in Naples. The personal correspondence discussed here clearly reflects that he was not interested in developing scientific knowledge of Vesuvius.</p>
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            <item>Charles of Bourbon</item>
            <item>Vesuvius</item>
            <item>correspondence</item>
            <item>18th century</item>
            <item>eruptions</item>
            <item>Modern Age</item>
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      <p>It is available online at https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.07<ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.07" /></p>
<div><head>El Vesubio en la correspondencia <lb/>de Carlos de Borbón<hi rend="notes_number _idGenCharOverride-1"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-031">1</ref></hi></hi></head><p rend="h1_author ParaOverride-1"><hi>Irene Andreu Candela, Cayetano Mas Galvañ</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Carlos de Borbón Parma (I de Parma, V de Sicilia, VII de</hi><hi rend="CharOverride-1"> Nápoles </hi><hi rend="CharOverride-1">y III de España) h</hi><hi rend="CharOverride-1">abitualmente ha sido objeto de grandes elogios por sus logros como rey en todos sus territorios, en especial por su papel como impulsor de las artes y las ciencias (renovación de las ciudades de Nápoles y Madrid, o fundación de diferentes instituciones como la Academia Ercolanense</hi><hi rend="CharOverride-1"> y el </hi><hi rend="italic">Teatro di San Carlo</hi><hi rend="CharOverride-1"> en Nápoles, o el Real Jardín Botánico y las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País en España). Sobrenombres como el de </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">rey arqueólogo</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> ejemplificarían la manera en que –</hi><hi rend="CharOverride-1"> incluso en la tradición popular – se ha asumido que la inclinación a ciertas cuestiones culturales, representada (además, desde una perspectiva ilustrada) por su papel en las excavaciones de Herculano, Pompeya y Estabia, formaba parte de la personalidad del monarca</hi><hi rend="CharOverride-1">. Sin embargo, en un trabajo reciente, efectuado – como el presente – sobre la base de su correspondencia personal, hemos puesto en cuestión que, por genuino que fuera su interés en la arqueología o – como vamos a ver aquí – en el estudio de ciertos fenómenos naturales, D. Carlos pueda </hi><hi rend="CharOverride-1">ser considerado como un monarca ilustrado. Fue, sin duda, un buen conocedor de su oficio de rey, pero en su fuero íntimo permaneció totalmente alejado de la axiología, las actitudes y el pensamiento de la Ilustración </hi><hi>(Mas Galvañ y Andreu Candela 2025)</hi><hi rend="CharOverride-1">.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En este sentido, se atribuye al monarca una implicación personal y directa en el impulso de la investigación vulcanológica durante su reinado napolitano. Sin duda, el Vesubio impresionó a Carlos de Borbón desde antes incluso de llegar a tierras napolitanas. Y por su parte, determinados autores afirman que ordenó realizar estudios de la actividad eruptiva del volcán, relacionando directamente al monarca con el inicio de una campaña sistemática de mediciones destinada a controlar los movimientos del terreno en la zona del Vesubio y a intentar predecir con cierta antelación futuras erupciones (Nazarro 2014, 176). </hi><hi rend="CharOverride-1">Para comprobar estos extremos, especialmente en lo referente a su verdadero interés personal, hemos consultado los epistolarios privados del monarca, en los que quedaron reflejados tanto su carácter como sus principales preocupaciones, a pesar de ser un hombre cauto y comedido que solía valerse de innumerables formulismos en sus cartas</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Fernández Díaz 2016, 237). Carlos III escribió miles de cartas destinadas a diferentes personalidades de su entorno y por motivos distintos, pero siempre siguió el mismo modelo epistolar, establecido por sus padres, que mantuvo a lo largo de toda su vida (Vázquez Gestal 2018). La razón principal que motivó la existencia de estas cartas fue la distancia que le separó de sus familiares más cercanos. En un primer momento, el abandono definitivo de la corte española en 1731 para tomar posesión de los territorios que heredó de los Farnesio y – a continuación</hi><hi rend="CharOverride-1"> – del reino de Nápoles, le llevó a establecer un primer intercambio epistolar con sus padres, Isabel de Farnesio y Felipe V (Ascione 2001-2002). Con su regreso para ceñir la corona hispánica, las tornas se invirtieron para establecer nuevas relaciones epistolares, ahora con el fin de no perder el contacto con algunos ministros, amigos y familiares que quedaron en Italia tras su marcha. Por tanto, el papel del monarca en cuanto a la transmisión de noticias desde la ciudad partenopea cambió. En un primer momento era él el encargado de informar a sus padres de todo lo acontecido en el sur de Italia</hi><hi rend="CharOverride-1">; sin embargo, tras 1759 fueron sus corresponsales los que le mantuvieron al corriente de las noticias que más le interesaban sobre su querida y añorada Nápoles. Esto nos va a permitir conocer desde diferentes perspectivas la atención que el monarca prestó a las erupciones del Vesubio entre 1734 y 1785. </hi></p><div><head><hi>1. El Vesubio en las cartas de Carlos de Borbón durante el reinado napolitano (1734-1744)</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Para atender a la etapa del reinado napolitano, hemos utilizado las mencionadas misivas que Carlos de Borbón envió a sus padres a partir de su partida hacia</hi><hi rend="CharOverride-1"> Nápoles</hi><hi rend="CharOverride-1"> (febrero de 1734 - agosto de 1744)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-030">2</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. De este periodo se conservan 611 cartas escritas por el nuevo monarca napolitano a sus padres, en las que compaginó las noticias más cotidianas e íntimas con otras de carácter político, que</hi><hi rend="CharOverride-1"> permitían a los reyes españoles estar enterados y opinar de las decisiones de gobierno que tomaba el joven rey. Por tanto, en este primer epistolario fue Carlos de Borbón el emisor de lo ocurrido en Nápoles y, entre otras muchas noticias, informó a sus padres de las erupciones del Vesubio. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Concretamente, encontramos referencias relativas al volcán en 10 misivas diferentes, todas referentes a las dos erupciones acontecidas en el periodo que abarcó esta correspondencia, concretamente la primera en 1734 y la segunda en 1737. Durante estos años, el Vesubio se encontraba ya</hi><hi rend="CharOverride-1"> en la última fase de su historia eruptiva. Esta fase comenzó con la erupción de 1631, que inició una etapa de actividad volcánica casi constante que finalizó más de 300 años después, en 1944 (Scandone, Giacomelli y Gasparini 1993, 10). Dentro de esta cuarta etapa, encontramos diferentes subciclos que finalizan con erupciones de mayor intensidad, como es el caso de la actividad de los años 1733-37. Tras la erupción de 1737 hubo un periodo de quietud del volcán que parece ser coincidió con la llegada de la estabilidad política al reino tras la Guerra de Sucesión Polaca y el establecimiento definitivo de Carlos de Borbón en el trono (Pingaro 2017, 117). </hi><hi rend="CharOverride-1">La posterior erupción ya quedaría fuera del periodo que abarca este primer epistolario conservado; por tanto, no va a ser posible conocer las noticias del rey acerca de las erupciones acontecidas entre 1744 y 1759.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Atendiendo a las misivas conservadas, la primera referencia al volcán fue el 17 de abril de 1734, concretamente durante su camino hacia Nápoles para comenzar su primer reinado. Carlos de Borbón escribía a sus padres desde Aversa, población situada a unos 25 kilómetros de la capital, desde donde ya podía ver perfectamente el Vesubio, que además estaba expulsando materiales según la expresión utilizada en el forzado francés del monarca </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">On voy d</hi><hi rend="CharOverride-1">’isi tres bien le Vesuve le quelle chete beaucoup</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Ascione 2001, 374)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-029">3</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Este simple comentario sobre el volcán se ubica hacia el final de la carta, en el espacio dedicado habitualmente a hablar del tiempo meteorológico con sus padres antes de la despedida. Para encontrar la siguiente carta referente al Vesubio debemos esperar a julio de ese mismo año cuando, de nuevo, el volcán manifestó su fuerza y agravó los calores de ese verano </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">Depuis avantyer le Vesuve jetu une quantite de flames &amp; de betume enflame, qui caule par la montane come une riviere. Isi il fait chaleur a mourir</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Ascione 2001, 399)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-028">4</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Una semana después, volvió a indicar que el volcán continuaba su erupción</hi><hi rend="CharOverride-1"> de la misma manera que la semana anterior, sin dar más detalles (Ascione 2001, 401)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-027">5</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. A pesar de estas primeras referencias al volcán, el monarca no volvió a mencionarlo en la correspondencia hasta 1737, erupción efusivo-explosiva que pondría fin al subciclo (Scandone, Giacomelli y Gasparini 1993, 13) y que le impactó profundamente: </hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>La montagne du Vesuve comença iyier à jeter un feu que je n</hi><hi>’en ay jamais veu le pareille, &amp; la lava arrivet ce matin à un coup de fussi de la mere, &amp; il continue encore, &amp; a ce que m’ont dit ceux qui ont este le voire sur le lieu par ou elle coule, on dit que c’est une pitie de voire le mal qu’elle fait a la canpagne; &amp; on dit qu’on ne se souvient pas de l’avoir veu descendre si bas; &amp; ils disoint que c’est bon pour qu’il ni ait pas de trenblement de terre</hi><hi rend="notes_number CharOverride-3"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-026">6</ref></hi></hi><hi>.</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Estas palabras evidencian diferentes aspectos a tener en cuenta en cuanto al interés del monarca por el volcán. En primer lugar, que él mismo vio la erupción y se sorprendió de su magnitud, pues asegura que no había visto otra igual. Es evidente que impactó al monarca, pues la erupción que ya había presenciado tres años antes no se asemejaba a la de 1737, mucho más efusiva. No obstante, el resto de información que aporta en este fragmento se debe a comentarios que llegaron a la corte informando de los estragos que había causado, pues él mismo no visitó más de cerca el </hi><hi rend="CharOverride-1">área de </hi><hi rend="CharOverride-1">alcance real de la lava. Las misivas de Montealegre pertenecientes a estos días explicaban a los monarcas españoles que el joven Carlos se encontraba </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">divertido</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> en los balcones del palacio de Portici, observando el espectáculo piroclástico que allí acontecía (Ascione 2002, 209). Al mismo tiempo que el monarca escribía esta carta, Bernardo Tanucci escribió al padre Ascanio, representante diplomático de la corona española en Florencia, aportando mucha más información al respecto, con la descripción de la gran nube de ceniza que acompañó a la erupción, así como los </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">remedios</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> propuestos en un primer momento,</hi><hi rend="CharOverride-1"> incluyendo las procesiones que pedían la finalización de la misma (Ascione 2002, 206-7). </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Una semana después, el joven monarca siguió aportando más información sobre los estragos que estaba causando el volcán</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-025">7</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Esta vez, el monarca añadía algo más a sus descripciones, probablemente porque ya habían podido llegar a la corte las primeras noticias</hi><hi rend="CharOverride-1"> de los estragos que causó la erupción en los diferentes territorios del reino. En este caso, la descripción se centraba en los lugares más afectados, así como en aclarar que los problemas causados por el volcán no llegaron a la corte, pues no sintieron los terremotos ni la nube de cenizas que alcanzó a algunos lugares situados a unas cien millas del Vesubio. También se centró en determinar la extensión de la lava, mientras que solamente la última parte de esta descripción presta más atención a lo que pudo vivir en primera persona el propio monarca, como fue el ruido que producía el volcán arrojando </hi><hi rend="CharOverride-1">las coladas, lo que compara con </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">un siege d’une place</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">, pues hacía temblar todas las casas. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Ya no existen más descripciones o información que actualice sobre lo acontecido en esta fuerte erupción, más que haberse tomado la libertad de enviar una vista de la erupción para que pudieran verla sus padres unos dos meses después</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-024">8</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Según la historiografía, lo sucedido durante estos meses impactó al monarca, quien mandó redactar una relación de lo sucedido a la </hi><hi rend="italic">Accademia delle Scienze di Napoli</hi><hi rend="CharOverride-1">, conocida como la </hi><hi rend="italic">Istoria dell’incendio del Vesuvio</hi><hi rend="CharOverride-1">, escrito por Francesco Serao, secretario de dicha academia y considerada la primera obra de vulcanología moderna sobre el Vesubio (Zambelli 1973, 134). A pesar de ello, no encontramos en estas misivas ninguna mención a la obra de Serao, pero sí en la correspondencia de Bernardo Tanucci, quien consideró que </hi><hi rend="CharOverride-1">«è scritta competentemente bene perché è minuta ed è più scarica di quel che sogliano essere li scritti napoletani, di frasche, di periodi e di ciarle inutili ed intralciate»</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Ascione 2002, 359). En cambio, lo que sí mencionó el monarca en estas cartas es</hi><hi rend="CharOverride-1"> la empresa que llevó a cabo José de Cartellar, primer caballerizo del rey, al Vesubio en 1738. La primera noticia que Carlos de Borbón dio a sus padres sobre ello fue el día 14 de octubre, en la que describió que, el día anterior, dicho noble napolitano descendió con cuerdas y con la ayuda de algunos campesinos, al interior del volcán, donde encontró arenas y piedras, así como algunas grietas por las que desprendía humo, mucho azufre y otras sales. El monarca añade que un ingeniero realizó una vista y un perfil tanto del interior como del exterior de la montaña, que pretendían ser enviados la semana siguiente a los monarcas españoles; y, además, añade que se realizó la medición del volcán desde el fondo del cráter a la cima, cuya distancia era de 360 brazas. El monarca confirmó en la siguiente carta que las vistas del Vesubio fueron enviadas esa semana; sin embargo, es una carta de Montealegre a La Quadra la que confirma que había una segunda caja en este envío, que contenía </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">unos pedazos de materia que se encuentra en el fondo interior de la cavidad de la montaña</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Ascione 2002, 361). Parece que poco después, los monarcas reprendieron a su hijo por haber dejado que Cartellar descendiese por el cráter, a lo que el monarca respondió que el caballerizo se atrevió a hacerlo porque uno de los lacayos del monarca confirmó que él había descendido anteriormente; </hi><hi rend="CharOverride-1">además, explicó que le había pedido una relación de lo ocurrido a Cartellar para enviarla a los reyes</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-023">9</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Parece ser que Isabel de Farnesio y Felipe V temieron que su hijo se mostrase tan interesado en la hazaña de Cartellar que quisiese imitarle y subir a la montaña; sin embargo, no hemos encontrado ningún indicio que nos haga pensar que el monarca tuviera la menor intención de llevar a cabo esta expedición. Por el contrario, tal y como confirmaba en sus epistolarios Montealegre, muchos nobles sí lo hicieron: </hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Desde que los primeros consevidos exploradores han dado a conocer con su curiosa temeridad, que no era impenetrable, se han atrevido otros muchos a seguir sus huellas: presentemente se entra y se sale con tanta frequencia, que con no poca oportunidad y gracia sostiene uno de nuestros cortesanos espanoles que es necesario establecer alla bajo una osteria, y que no sera poca la ganancia</hi><hi rend="notes_number CharOverride-3"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-022">10</ref></hi></hi><hi>. </hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Este curioso suceso apareció en la prensa española, concretamente en el mismo mes de noviembre del </hi><hi rend="italic">Mercurio Histórico y Político</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Berná Ortigosa 2019, 302). La noticia calificó al suceso como </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">un extraordinario atrevimiento</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> por no haberse conseguido </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">en ninguno de los volcanes del mundo por ninguno de los mortales</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-021">11</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Además, tras una larga explicación sobre lo acontecido en la expedición, la noticia indicaba que </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">el rey de las Dos Sicilias, a vista de una novedad jamás oída, para la curiosidad de los reyes sus padres, les envió un cajoncito con piedras de las que sacó del fondo del Vesubio Cartellà y el plan que había formado el Conde de lo exterior e interior de aquel Volcán, que uno y otro tienen Sus Majestades</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Lo extraordinario de dicho acontecimiento no tuvo más cabida en la correspondencia. Las referencias al Vesubio durante los años de conservación de este epistolario demuestran que el monarca se limitó a informar sobre cómo fueron las erupciones, el alcance de la lava o los daños producidos a la población. No existe ninguna mención que evidencie un verdadero interés científico por el volcán o su funcionamiento, pues tampoco menciona la obra resultante de la erupción de 1737, la escrita por el médico Francesco Serao, a pesar de que sabemos que fueron enviadas dos copias a España</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-020">12</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Tampoco la información de la expedición de José de Cartellar aporta nada más que datos curiosos sobre lo extraordinario de su hazaña, cosa que confirma que todos estos comentarios responden a un interés meramente informativo por lo singular de estos acontecimientos. </hi></p></div><div><head><hi>2. El Vesubio en los epistolarios de Carlos de Borbón durante su reinado español (1759-85)</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Se conservan muchas otras cartas escritas por el monarca a partir de 1759 con el inicio de su segundo reinado. Tras su vuelta a España, Carlos III comenzó un primer epistolario semanal con su fiel ministro Bernardo Tanucci, quien dirigió durante largo tiempo el Consejo de Regencia que se estableció tras la partida del rey y la ascensión al trono de su hijo Fernando, por aquel entonces menor de edad. En este caso, él se convirtió en el receptor de las noticias que llegaban desde Nápoles a través de Tanucci, con el fin de poder dirigir la política napolitana a través</hi><hi rend="CharOverride-1"> de esta correspondencia. Estas misivas sirvieron como cauce para la toma de decisiones de lo que Carlos de Borbón consideraría como un reino satélite, dependiente del reino español, tal y como se había estimado a su reinado en Nápoles desde España, a partir de la correspondencia que él mismo estableció con sus padres. A pesar del fin de la Regencia (en 1767) y de la posterior pérdida de poder de Tanucci, el contacto continuó entre ambos hasta la muerte del ministro en 1783. En total, se conservan 1191 cartas escritas por el monarca durante estos años en el AHN, aunque se han perdido en buena medida las contestaciones del italiano. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Poco después de su llegada a España, concretamente tras la muerte de la reina María Amalia, comenzó un nuevo epistolario entre Carlos III y otra importante personalidad napolitana, Domenico Cattaneo della Volta, príncipe de San Nicandro y ayo del rey Fernando. Aunque esta segunda correspondencia paralela a la de Tanuccci estuvo enfocada principalmente en</hi><hi rend="CharOverride-1"> que el napolitano informase al monarca de toda novedad sobre la educación y la vida de su hijo, de nuevo el intercambio se extendió hasta la muerte de San Nicandro en 1782. De este segundo epistolario, solo están publicadas y accesibles las más de 700 cruzadas entre ambos corresponsales entre octubre de 1760 y enero de 1768 (Knight 2009). </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por último, existe un tercer epistolario destinado a conservar la relación paternofilial entre Carlos III y Fernando IV. En este caso, las cartas conservadas y publicadas son </hi><hi rend="CharOverride-1">únicamente </hi><hi rend="CharOverride-1">las escritas desde Nápoles por su hijo entre 1775 y 1785 (Knight 2015), quien también se encargó de informar de las novedades sobre su reino a su padre, así como de las noticias</hi><hi rend="CharOverride-1"> más importantes que afectasen a la familia real. </hi><hi rend="CharOverride-1">El motivo principal del inicio de este epistolario no fue el intercambio de información política como tal, sino más bien el mantenimiento de la relación entre padre e hijo, así como un intento de Carlos III de ejercer cierto control directo sobre </hi><hi rend="CharOverride-1">él</hi><hi rend="CharOverride-1">. A pesar de ello, la relación entre ambos se fue deteriorando, pues Fernando IV no acataba las decisiones de su padre ni contaba, en muchas ocasiones, con su opinión.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Con estos tres epistolarios conseguimos reunir misivas para un periodo de unos 26 años, que comienza en 1759 y acaba en 1785, prácticamente el reinado completo de Carlos III. Si atendemos a las misivas en las que se menciona al volcán, son 7 de las enviadas al príncipe de San Nicandro; 27 de las cartas para Bernardo Tanucci; y 5 de las del rey Fernando IV. Es evidente que, el epistolario de Tanucci, del que conservamos un mayor número de cartas, es el que más referencias al volcán encierra. También, si prestamos atención a la cantidad de cartas en las que se menciona al Vesubio en cada erupción, la correspondencia de Tanucci sigue siendo la más constante. Esto se debe a la propia naturaleza de cada intercambio epistolar, pues los propios interlocutores dejan claro que ambos tienen un propósito diferente: Bernardo Tanucci debe informar al monarca de los asuntos políticos, mientras que San Nicandro es el encargado de dar noticia de la vida de su hijo Fernando, así como de todas las novedades en su educación. Las noticias sobre el Vesubio quedaban en manos de Tanucci, pues se consideraban un asunto de estado. Ejemplo de ello es la erupción de 1766, sobre la que Carlos III llega a contestar a Tanucci en 11 ocasiones, mientras que al príncipe de San Nicandro solo se la menciona en dos de sus cartas y, además, una de estas dos veces para decir las siguientes palabras: </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">veo lo que me dizes que no me hablavas del fuego del Vesubio, bien que era muy discreto, poque te imaginavas que Tanuci lo aría exactamente, lo que ha hecho </hi><hi rend="CharOverride-1">así</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Knight 2009, 1114). </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Con estas palabras, podemos confirmar cómo el Vesubio era para Carlos III una cuestión política que afectaba habitualmente al gobierno del reino napolitano, por lo que siempre recibió información precisa sobre las erupciones tanto de Tanucci como de Fernando IV, pero esta se centraba en los daños ocasionados y el alcance de la misma, así como en la recepción de vistas y relaciones de las más importantes. A pesar de ello, San Nicandro también incluyó información sobre el Vesubio al monarca, pero solamente se extendió en sus comentarios cuando afectaron más de cerca a la familia real. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Las erupciones de las que fue informado Carlos III en el arco cronológico que manejamos son 8 concretamente, pertenecientes a tres subciclos eruptivos diferentes que se cierran con las tres erupciones más importantes descritas en estos epistolarios: 1744-60, 1764-67 y 1770-79. La comparativa de la información aportada por la correspondencia y la que se enviaba periódicamente a la prensa oficial española nos permite confirmar que la información recibida por el monarca se limitó a los momentos en los que la actividad del volcán tenía unas consecuencias directas en la sociedad napolitana, pues el </hi><hi rend="italic">Mercurio</hi><hi rend="CharOverride-1"> y la </hi><hi rend="italic">Gaceta</hi><hi rend="CharOverride-1"> incluyen en algunos momentos referencias a ruidos volcánicos, fumarolas, llamas o algunas coladas de lava que no producen daños significativos y que, por tanto, no son mencionados en la correspondencia real (García Torres y Andreu Candela 2021). Este hecho permite reafirmar que Carlos III no estaba interesado en la actividad eruptiva del volcán como sí lo estuvieron otros nobles y eruditos del Setecientos que prestaron atención al funcionamiento y la actividad del volcán. El monarca no era más que un hombre de Estado cuyo propósito se limitó a compadecerse del pueblo napolitano cuando los daños fueron considerables, pero tampoco se implicó en la gestión del desastre ni en dar una respuesta diferente a la mera celebración de rogativas. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">El primer evento eruptivo que aparece tanto en el epistolario con Tanucci como en el de San Nicandro fue entre diciembre de 1760 y los primeros meses de 1761. El ayo del rey informó de que, tras tiempo sin actividad, el Vesubio comenzó a medio día a emitir una gran cantidad de humo, ceniza y fuego</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-019">13</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. La semana siguiente, San Nicandro confirmó que esta era una de las erupciones </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">più considerevole que abbiamo avuto</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">, pero se limitó a describir los remedios que se propusieron para poner fin a la erupción, concretamente la prohibición de las representaciones de teatro y la Novena que se había preparado en honor a San Genaro, sacando en procesión la cabeza del santo. Indudablemente, comentaba el ayo, a partir de la rogativa comenzó a disminuir la erupción y los daños causados (Knight 2009, 58-61). En el caso de Tanucci, podemos conocer </hi><hi rend="CharOverride-1">que</hi><hi rend="CharOverride-1"> sí existió una mayor atención a lo</hi><hi rend="CharOverride-1">s impactos, pues describió la velocidad de avance de las coladas y los estragos que causaron en el camino real, interrumpiendo el comercio y la comunicación con Caserta, así como notables daños en las posesiones de algunos particulares, si bien se envió una relación diaria que detallaría cada uno de ellos, de la que no disponemos (Maiorini 1985, 228). En cuanto a las respuestas, se limitaron a mencionar en las cartas el traslado del polvorín de Posillipo</hi><hi rend="CharOverride-1">, como ya se había hecho en otros casos; y sobre todo el monarca se centró de nuevo en la importancia de la rogativa (</hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">se ha echo muy bien en hazer la Novena de nuestro Glorioso San Genaro, y espero de la infinita piedad de Dios que por su intervención le aya echo cesar luego enteramente según le pudo</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">) y en compadecerse de la población (</hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">puedes crer [sic] el sentimiento y compasión que me causa el ver los grandes daños que ha echo, y que nadie puede comprender mejor que yo pues sé los parajes que ha ocupado y destruido</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">). Además, Carlos III </hi><hi rend="CharOverride-1">pidió una relación de los daños causados y una vista </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">de tan horrendo espectáculo, y un plano del [sic]</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-018">14</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Los meses siguientes, el monarca acusó recibo de diferentes relaciones sobre la erupción, así como la vista que solicitó y un proyecto de los daños causados por el Vesubio y sus amenazas, que determina de </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">muy bueno</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> y aprueba </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">que se examine según el Consejo lo ha determinado</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-017">15</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">No existen más referencias al volcán hasta 1766, </hi><hi rend="CharOverride-1">erupción que aparece reiteradamente en las cartas de ese año, pero no tanto por su impacto, como por su duración. En este caso, de nuevo, solo apareció dos veces mencionada en las cartas enviadas a San Nicandro, pero fueron once las referencias en las misivas a Tanucci, concentradas entre abril y julio. En la mayoría de ocasiones, el monarca se limitó a pedir que la erupción acabase, sin prestar mucha atención al respecto, más que sentir </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">el daño que ha echo a algunos pobres</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-016">16</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">; agradecer la vista del Vesubio que le envió Tanucci</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-015">17</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">; o, de nuevo, aceptar la disposición de sacar la pólvora del polvorín (Knight 2009, 1119)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-014">18</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Lo más destacable, según los interlocutores, de esta erupción fue su duración: </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">veo lo que me dizes que de la continuación tan grande del fuego del Vesuvio, después de tanto tiempo de duración, y es cierto que parece que quiera echar, por modo de dezir, todas sus tripas</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-013">19</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">; sin embargo, la escasa violencia de la erupción permitió que muchos extranjeros pudiesen contemplarla más de cerca (Maiorni 2003, 124)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-012">20</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">; e incluso, el rey Fernando IV pudo ver desde la colina de Camaldoli los cinco ríos de lava que descendían hacia Boscotrecase, a lo que Carlos III tampoco da mucha importancia de vuelta en sus misivas, comentando que simplemente se alegra de que haya podido hacerlo</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-011">21</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Otro aspecto interesante que se comenta a </hi><hi rend="CharOverride-1">raíz de esta erupción viene de la mano de San Nicandro a partir de la ausencia de codornices en Nápoles que permitiesen al rey Fernando salir a cazarlas. El ayo del rey era el encargado de hacer que su hijo se divirtiese habitualmente en su actividad física favorita, la caza, que compartía como afición con D. Carlos, por lo que es uno de los temas que constantemente aparecen descritos con minuciosidad en prácticamente todos los epistolarios que manejamos. En este caso, el ayo del rey se muestra sorprendido de la ausencia de codornices ese año en las costas napolitanas, por lo que expone al monarca sus pensamientos sobre la posible causa: </hi></p><quote rend="quotation_b">né pur per un giorno vi è stato aviso che ne siano entrate, onde Sua Maestà avesse potuto andarvi a divertirsi; con che, no sapendo a que pensare, mi è venuto in mente un pensiere que ben conosco sarà un sproposito. Dico così: entrano da per tutto, e qui no, ed è insolita la cosa. Certo è che i bruti, sia per istinto o per impressione che l’aria fa ne’ loro corpi, conoscono le mutazione de’ tempi, il farsi giorno ed anche gli tremuoti prima che gli uomini gli avvertiscano; or dunque, que come dubitar non si deve, che la copiosa e lunga eruzzione del Vesuvio non abbia nelle parti immediate riempito l’aere di parti bituminose dispiacevoli, che abbiano da da lidi immediati, che sono appunto le Mortelle, e queste rive, fatti alllontanar tali volantili che vi si sarebbono risposati? Confesso que il pensiero sarà strano ed insussistente; ma strano ancora è l’efetto che quaglie da per tutto siano in abbondanza entrate, e non in queste riviere nostre, come ne’ passati anni<hi rend="notes_number CharOverride-3"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-010">22</ref></hi></hi>.</quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">San Nicandro relaciona esta larga erupción con la ausencia de codornices de 1766; sin embargo, el rey simplemente resta importancia a estos comentarios y añade que, según su experiencia </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">siempre que corren medios días y lebeches</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> no hay codornices en Portici (Knight 2009, 1130)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-009">23</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Por tanto, las referencias del monarca a la erupción de 1766, a pesar de que son las más numerosas por su duración, son las más escuetas en información, pues se limita a acusar recibo de las mismas y a pedir que acabe. Es decir, que el monarca alarga sus comentarios sobre las erupciones cuantos más estragos causen, mientras que otras cuestiones como la visita de su hijo para contemplarla o la posible relación de la erupción con la ausencia de especies cazadas no son aspectos en los que muestre un especial interés y le hagan incluir</hi><hi rend="CharOverride-1"> más palabras a sus comedidos comentarios. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1"> En 1767 se produjo una erupción más corta pero violenta, que obligó a desalojar a toda la familia real de Portici por precaución. En este caso, San Nicandro sí prestó mayor atención en sus cartas al volcán, pues afectaba directamente a su papel como ayo del rey. La erupción comenzó a medio día y dio lugar a dos coladas de lava que avanzaban rápidamente; sin embargo, el marqués Tanucci no dio la orden para efectuar el traslado hasta la una de la madrugada, momento en el que tuvieron que despertar a la familia real para llevarla a Nápoles por la cercanía de la lava al real sitio de Portici (Knight 2009, 1359)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-008">24</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Carlos III agradeció a San Nicandro la relación que le hizo sobre lo ocurrido y también el haber acabado efectuando el traslado. Seguidamente el monarca volvió a preocuparse por los posibles daños a la población: </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">me causa la mayor lástima y compasión el gran daño que considero que avrá echo a tanta pobre gente, pero me es de mucho consuelo lo que me dizes de que los criados que avian venido aquella mañana te avían dicho que después que partió el Rey de hallí no se adelantó más la lava azia el real bosque</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-007">25</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Por ello, vuelve a encomendarse a San Genaro para que hubiese finalizado rápidamente y con los menores efectos posibles. Esta violenta erupción coincidió con otra funesta noticia para el reino napolitano: la muerte de la prometida del rey, la archiduquesa María Josefa, cuando iba a ser inminente su traslado a Nápoles. Tanucci comentó en una de sus cartas que la población estaba difundiendo la creencia de que la erupción del Vesubio y la muerte de la archiduquesa eran un castigo divino por </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">ai peccati del governo</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">, es decir, por la inminente expulsión de los jesuitas. Sea como fuere, Carlos III contestó a Tanucci quitando importancia al asunto y afirmando que el pueblo debe obedecer lo que se le mande, sin entrar en indagaciones que no deben</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-006">26</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En la década de 1770 encontramos cuatro erupciones mencionadas en las misivas, coincidentes con el último subciclo eruptivo que analizamos. Si atendemos a las cartas escritas por el monarca,</hi><hi rend="CharOverride-1"> no se incluye información adicional sobre las de 1770 y 1778, pues se limita a encomendarse a Dios para que ambas no hiciesen mucho daño. En el caso de la erupción de 1771, Carlos III se refiere en la correspondencia con Tanucci a una nueva visita, en este caso del matrimonio real, a la erupción, así como también menciona el envío de un plan que le permita ver la ubicación de las coladas de lava</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-005">27</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. La erupción de 1779 sí tuvo mayores consecuencias. En la correspondencia con Tanucci solamente se menciona en una carta, seguramente porque el marqués ya estaba en esos momentos apartado del gobierno y, por tanto, no tendría tan fácilmente acceso a la información sobre el suceso. Igualmente, el monarca contesta a Tanucci que siente que la erupción sea </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">terrible y aparatosa</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1"> y que hubiese hecho </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">tanto daño de sus pobres jentes como veo por la relación que me ha incluido el Rey mi muy querido hijo</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">. Como siempre, finalizó Carlos III pidiendo la intercesión de San Genaro para que pusiese fin a la erupción</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-004">28</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">A partir de 1778, es el monarca Fernando IV el que va a informar personalmente a su padre de los problemas causados en su gobierno, por lo que en sus misivas las descripciones de las erupciones resultan</hi><hi rend="CharOverride-1"> más detalladas. </hi><hi rend="CharOverride-1">De este epistolario solamente conservamos las cartas del rey napolitano, por lo que no sabemos qué le contestó Carlos III, aunque es muy probable que se limitase a agradecer la información proporcionada, a apiadarse de la población que había sufrido daños y a encomendarse al patrón napolitano. En este caso, parece más interesante atender a la información descrita por Fernando IV, pues nos va a permitir compararlas con las que su padre realizó unas décadas antes. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">La correspondencia entre padre e hijo se conserva desde 1775, por lo que la primera erupción que abarca este intercambio epistolar es la de 1778. En este caso, Fernando se limitó a informar de que la erupción había sido bastante fuerte y que había afectado a muchos territorios;</hi><hi rend="CharOverride-1"> sin embargo, en la siguiente carta Tanucci señala que </hi><hi rend="CharOverride-1">«è cessata l’eruttazione del vesuvio, della quale è stato il danno di alcuna piccola masseria»</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Knight 2015, 258). La que sí fue ampliamente descrita en esta correspondencia es la de 1779, pues el rey se dedicó a describirla exhaustivamente para su padre</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-003">29</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Comenzó su relato destacando que no se recordaba una erupción como esta </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">nessuno de’ vecchi si ricorda la simile</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">. A continuación, sitúa el inicio siete días antes con diferentes coladas de lava desde la cima y en otra boca abierta en el flanco de la montaña, aunque no habían causado ningún daño. Los problemas vinieron a partir del viernes, pues el volcán empezó a lanzar material piroclástico hasta el domingo, cuando se incrementó la intensidad del flujo, que era </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">secondo il calcolo fatto, arrivavano all’altezza perpendicolare di nove mila piedi più sopra della boca</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">. El monarca lo calificó como un </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">spettacolo così spaventoso che non si puol credere, tanto maggiormente che pietre così grosse infocate, vibbrate con tanta forza, andavano a cadere ad una distanza grandissima, e dove cadevano davano fuoco a tutto</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">. El fuerte viento de poniente hizo que el flujo piroclástico no afectase a Nápoles, sino a Ottajano y Soma, que dice quedaron arrasadas al caer bombas del tamaño de dos o tres </hi><hi rend="italic">cantara</hi><hi rend="CharOverride-1">. Al igual que su padre, el monarca achacó a la intercesión de Dios y de San Genaro que la ciudad se hubiese librado de padecer estas mismas consecuencias. Además, señala que otros materiales del tamaño de un huevo llegaron hasta Monteforte </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">che Vostra Maestà ben sà quanto sta lontano dal Vesuvio</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="CharOverride-1">, pues se encuentra a unos 25 kilómetros del volcán</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Knight 2015, 306). </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Fernando, en su descripción, va señalando la duración y la intensidad de cada fase de la erupción, hasta la aparente calma del momento en el que se encuentra escribiendo la misiva. Además, añade que ha requerido un informe que no ha podido ser muy preciso debido a que nadie se atreve a ir hasta allí y la población se ha refugiado en lugares cercanos. Como respuestas, la única mención que se realiza es la consabida novena que se celebró, en este caso sacando en procesión la cabeza del santo hasta el puente de la Magdalena. En la postdata de la carta del 10 de agosto, el monarca informa que la última novedad que llegó a la corte es que el lapilli llegó incluso al Benevento, donde sufrieron </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">una pioggia di circa mezz’ora di pietre più grosse di una nocce</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-002">30</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. En la carta de la semana siguiente, el monarca vuelve a referirse a una nueva columna de piroclastos unos días después, pero tras ello </hi><hi rend="CharOverride-1">«</hi><hi rend="CharOverride-1">ha cessato intieramente e sta quieto, come se mai avesse fatto niente</hi><hi rend="CharOverride-1">»</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-001">31</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">, indicando que la erupción había terminado (Knight 2015, 308). A pesar de que tenemos información de Tanucci en la que asegura que unos meses después las cenizas que desprendía el Vesubio habían arruinado la cosecha de la seda</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_07.html#footnote-000">32</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">, Fernando IV no volvió a mencionar al volcán en el resto de cartas que se conservan de este epistolario. </hi></p></div><div><head><hi>3. Conclusiones</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">A pesar de no aparecer ninguna erupción</hi><hi rend="CharOverride-1"> más</hi><hi rend="CharOverride-1"> en la correspondencia, podemos volver a ver </hi><hi rend="CharOverride-1">estas minuciosas descripciones del monarca napolitano cuando informó a su padre de los terremotos de Calabria y Messina. No nos detendremos aquí en ellas, aunque nos permiten confirmar que el interés que el monarca napolitano dedicaba a este tipo de acontecimientos extraordinarios era muy superior al de su padre. En las cartas de Carlos III hemos observado que la atención que dedicó a estos eventos de carácter extraordinario se centr</hi><hi rend="CharOverride-1">ó,</hi><hi rend="CharOverride-1"> en algunas ocasiones, en</hi><hi rend="CharOverride-1"> los efectos de la erupción y en los impactos que la población sufrió en ellos. En el caso de Fernando, también se interesó por los mismos aspectos, pero en este caso sus descripciones son mucho más detalladas e intentan informar de cualquier novedad que llegaba a la corte, cosa que Carlos III no hizo de manera tan precisa. Los dos reyes se remitieron a los informes que los expertos elaboraron, que además enviaban a sus respectivos padres para su interés. Sin embargo, las respuestas descritas son, en la mayoría de los casos, las rogativas a San Genaro para que intercediera por el pueblo napolitano. En las cartas de ambos monarcas no se discuten ni se comentan otras posibles respuestas relacionadas con la gestión del desastre, sino simplemente se refieren en algunas ocasiones a algún informe, que habitualmente se aprueba. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por tanto, la correspondencia de Carlos III nos permite confirmar que su interés por el volcán nunca tuvo un carácter científico: ni se interesó en su funcionamiento, ni tuvo un especial interés en ascender a la cima o en visitarlo de cerca durante una erupción, como sí hizo su hijo en diferentes ocasiones y como sabemos que también hicieron muchos nobles napolitanos y extranjeros que iban a Nápoles, entre ellos William Hamilton, quien habitualmente incluyó descripciones del volcán en sus cartas y confirm</hi><hi rend="CharOverride-1">ó</hi><hi rend="CharOverride-1"> la observación de las erupciones desde lejos con el uso de un telescopio de Ramsden (Knight 2015, 306). Sin ninguna duda el Vesubio impactó </hi><hi rend="CharOverride-1">a Carlos III, parece ser incluso antes de pisar por primera vez el reino napolitano, pero no despertó en él especial interés por él salvo cuando las erupciones causaban estragos a la población napolitana. Y ante ese tipo de desastres, el muy creyente monarca siempre encontraba como solución más conveniente impetrar la mediación de Dios y, sobre todo, de San Genaro como protector de la ciudad, para que consiguiese aquietar de nuevo la furia del volcán. </hi></p></div><div><head><hi>Fuentes manuscritas</hi></head><p rend="bib_indx_bib"><hi>AGS. Libro 321. </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi>. Simancas: Archivo General de Simancas.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>AGS. Libro 321. </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi>. Simancas: Archivo General de Simancas.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>AGS. Libro 330. </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi>. Simancas: Archivo General de Simancas.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>AGS. Libro 333. </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi>. Simancas: Archivo General de Simancas.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>AGS. Libro 339. </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi>. Simancas: Archivo General de Simancas.</hi></p></div><div><head><hi>Bibliografía</hi></head><p rend="bib_indx_bib"><hi>Ascione, Imma. 2001. </hi><hi rend="italic">Carlo di Borbone ai Sovrani di Spagna</hi><hi> </hi><hi rend="italic">I 1720-1734</hi><hi>. Roma: Ministerio per i Beni e le Attività Culturali. </hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Ascione, Imma. 2002. </hi><hi rend="italic">Carlo di Borbone ai Sovrani di Spagna</hi><hi> </hi><hi rend="italic">II 1735-1739</hi><hi>. Roma: Ministerio per i Beni e le Attività Culturali. </hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Berná Ortigosa, y Antonio Manuel. 2019. “Prensa y ‘desastres’ en el Mercurio Histórico y Político (1738-1783).” </hi><hi rend="italic">Revista de Historia Moderna. 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Il periodo della Reggenza (1760-1767)</hi><hi>.</hi><hi> Nápoles: Società Napoletana di Storia Patria.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Knight, Carlo. 2015. </hi><hi rend="italic">Il regno di Napoli dalla tutela all’emancipazione (1775-1789), Lettere di Ferdinando IV a Carlo III ed altri documenti inediti</hi><hi>.</hi><hi> Nápoles: Società Napoletana di Storia Patria.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Maiorini, Maria Grazia. 1985. </hi><hi rend="italic">Epistolario, vol. IX: 1760-1761.</hi><hi> Roma: Edizione di Storia e Letteratura. </hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Maiorini, Maria Grazia. 2003. </hi><hi rend="italic">Epistolario. Vol. XVII: 1766.</hi><hi> Nápoles: Società Napoletana di Storia Patria. </hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Mas Galvañ, Cayetano, y Irene Andreu Candela. 2025. “Carlos III en sus epistolarios. Una intimidad sin Luces.” Anuario Histórico Ibérico 4: 121-49.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Nazarro, Antonio. 2014. “Implicazioni di un’ermeneutica delle fonti vesuviane sull’eruzione del 1631: forma del vulcano e risposta al rischio.” In </hi><hi rend="italic">Napoli e il Gigante. Il Vesuvio tra immagine, scrittura e memoria</hi><hi>, editado por Rosa Casapullo, y Lorenza Giamfrancesco, 137-78. Catanzaro: Rubbetino Editore. </hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Pingaro, Claudia. 2017. </hi><hi>“Il Vesuvio nel Settecento tra scienza, fede e narrazioni.” In </hi><hi rend="italic">L’Europa Moderna e l’Antigo Vesuvio</hi><hi>, editado por Alfonso Tortora, Domenico Cassano, y Sean Cocco, 113-28. Salerno: Laveglia y Carlone. </hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Scandone, Roberto, Giacomelli, Lisetta, y Paolo Gasparini. </hi><hi>1993. “Mount Vesuvius: 2000 years of volcanological observations</hi><hi>.” </hi><hi rend="italic">Journal of Volcanology and Geothermal Research</hi><hi> 58 I: 5-25.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Vázquez Gestal, Pablo. </hi><hi>2018. “Je vous embrasse de tout mon coeur. </hi><hi>Cultura emocional y entorno cortesano en la formación de Carlos III (1716-1731).” In </hi><hi rend="italic">Studium, magisterium et amicitia: homenaje al profesor Agustín González Enciso</hi><hi>, coordinado por Rafael Torres Sánchez, </hi><hi>413-38. Pamplona: Eunate.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Zambelli, Paola. 1973. “Un epígono degli Investiganti amico e ‘suplente’ del Vico: il medico Francesco Serao.” </hi><hi rend="italic">BCSV</hi><hi> III: 132-46.</hi></p><list rend="numbered">
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-031-backlink">1</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Este estudio forma parte de los resultados del proyecto PID2021-122988NB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, la Agencia Estatal de Investigación y la Unión Europea.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-030-backlink">2</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Debemos precisar que en esta fecha el intercambio epistolar no se interrumpe, simplemente que las posteriores cartas que lo conforman no se han conservado. En el Archivo Histórico Nacional (AHN) solamente encontramos las cartas que Carlos III envió a sus padres hasta la batalla de Velletri, si bien sabemos que el monarca mantuvo el contacto semanal con Isabel de Farnesio hasta su vuelta a España en 1759. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-029-backlink">3</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos de Borbón a los reyes, Aversa, 17 de abril de 1734.</hi><hi rend="CharOverride-5"> Mantenemos las grafías como las publican los editores de las cartas. En el caso de las cartas inéditas, solamente actualizamos la acentuación y la puntuación. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-028-backlink">4</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos de Borbón a los reyes, Nápoles, 13 de julio de 1734.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-027-backlink">5</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos de Borbón a los reyes, Nápoles, 20 de julio de 1734.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-026-backlink">6</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos de Borbón a los reyes, Nápoles, 21 de mayo de 1737.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-025-backlink">7</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos de Borbón a los reyes, Nápoles, 28 de mayo de 1737.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-024-backlink">8</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos de Borbón a los reyes, Nápoles, 9 de julio de 1737.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-023-backlink">9</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos de Borbón a los reyes, Nápoles, 18 de noviembre de 1737. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-022-backlink">10</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, leg. 5818, fol. 92. Citado en Ascione (2002, 366) en la nota de la carta 667 del 18 de noviembre.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-021-backlink">11</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	BNE, Mercurio, n. 11, 11-1738: 132.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-020-backlink">12</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, leg. 5818, fol. 78. Citado en Ascione (2002, 366) en la nota de la carta 662 del 14 de octubre. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-019-backlink">13</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de San Nicandro a Carlos III, Nápoles, 23 de diciembre de 1760. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-018-backlink">14</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, El Pardo, 20 de enero de 1761, </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi rend="CharOverride-5">, Libro 321. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-017-backlink">15</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	</hi><hi rend="CharOverride-5">AGS, Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, El Pardo, 17 de febrero de 1761, </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi rend="CharOverride-5">, Libro 321.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-016-backlink">16</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, Aranjuez, 6 de mayo de 1766, </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi rend="CharOverride-5">, Libro 330.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-015-backlink">17</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, Aranjuez, 10 de junio de 1766, </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi rend="CharOverride-5">, Libro 330.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-014-backlink">18</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos III a San Nicandro, Aranjuez, 6 de mayo de 1766.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-013-backlink">19</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, Aranjuez, 3 de junio de 1766, </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi rend="CharOverride-5">, Libro 330.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-012-backlink">20</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Bernardo Tanucci a Carlos III, Portici, 8 de abril de 1766. p. 124.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-011-backlink">21</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos III a San Nicandro, Aranjuez, 6 de mayo de 1766.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-010-backlink">22</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de San Nicandro a Carlos III, Portici, 6 de mayo de 1766. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-009-backlink">23</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos III a San Nicandro, Aranjuez, 27 de mayo de 1766. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-008-backlink">24</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de San Nicandro a Carlos III, Nápoles, 20 de octubre de 1767. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-007-backlink">25</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos III a San Nicandro, El Escorial, 10 de noviembre de 1767. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-006-backlink">26</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, 17 de noviembre de 1767, </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi rend="CharOverride-5">, Libro 333.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-005-backlink">27</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	AGS, Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, Aranjuez, 4 de mayo de 1771, </hi><hi rend="italic">Estado</hi><hi rend="CharOverride-5">, Libro 339.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-004-backlink">28</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	</hi><hi rend="CharOverride-5">Carta de Carlos III a Bernardo Tanucci, San Ildefonso, 31 de agosto de 1779.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-003-backlink">29</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	</hi><hi rend="CharOverride-5">Carta de Fernando IV a Carlos III, Nápoles, 10 de agosto de 1779. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-002-backlink">30</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	</hi><hi rend="CharOverride-5">Carta de Fernando IV a Carlos III, Nápoles, 10 de agosto de 1779. </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-001-backlink">31</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	</hi><hi rend="CharOverride-5">Carta de Fernando IV a Carlos III, Nápoles, 17 de agosto de 1779.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-4"><ref target="xml_07.html#footnote-000-backlink">32</ref></hi><hi rend="CharOverride-5">	Carta de Carlos III a Tanucci, Aranjuez, 30 de mayo de 1780. </hi></p></item>
				</list><p rend="editorial_metadata_author">Irene Andreu Candela, University of Alicante, Spain, <ref target="mailto:irene.andreu@ua.es">irene.andreu@ua.es</ref>, <ref target="https://orcid.org/0000-0001-7932-5710">0000-0001-7932-5710</ref></p><p rend="editorial_metadata_author">Cayetano Mas Galvañ, University of Alicante, Spain, <ref target="mailto:cayetano.mas@ua.es">cayetano.mas@ua.es</ref>, <ref target="https://orcid.org/0000-0002-6991-1692">0000-0002-6991-1692</ref></p><p rend="editorial_metadata_polices">Referee List (DOI 1<ref target="https://doi.org/10.36253/fup_referee_list">0.36253/fup_referee_list</ref>)</p><p rend="editorial_metadata_polices">FUP Best Practice in Scholarly Publishing (DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/fup_best_practice">10.36253/fup_best_practice</ref>)</p><p rend="editorial_metadata_book">Irene Andreu Candela, Cayetano Mas Galvañ, <hi rend="italic">El Vesubio en la correspondencia de Carlos de Borbón,</hi> © Author(s), <ref target="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/legalcode">CC BY 4.0</ref>, DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.07">10.36253/979-12-215-0989-2.07</ref>, in Niccolò Guasti, Cinzia Recca, Mónica Bolufer Peruga, Fernando Durán López (edited by), <hi rend="italic">Accademie e luoghi del sapere tra Italia e Spagna nel lungo Settecento. Scienze, arti, letteratura, politica e sociabilità / Academias y lugares del saber en el largo siglo XVIII entre Italia y España. Ciencias, artes, literatura, política y sociabilidad</hi>, pp. -48, 2026, published by Firenze University Press, ISBN 979-12-215-0989-2, DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2">10.36253/979-12-215-0989-2</ref></p></div></div>
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    </body>
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</TEI>