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        <title type="main" level="a">Libros, sociabilidad y estoicismo: el diplomático José Nicolás de Azara y sus lugares del saber/ser</title>
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          <persName n="1" ref="https://orcid.org/0000-0003-0283-7042" type="ORCID">
            <forename>Noelia</forename>
            <surname>López-Souto</surname>
            <placeName type="affiliation">University of Salamanca, Spain</placeName>
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          <resp>This is a section of <title>Accademie e luoghi del sapere tra Italia e Spagna nel lungo Settecento / Academias y lugares del saber en el largo siglo XVIII entre Italia y España</title>(DOI: <idno type="DOI">10.36253/979-12-215-0989-2</idno>) by </resp>
          <name>Niccolò Guasti, Cinzia Recca, Mónica Bolufer Peruga, Fernando Durán López</name>
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        <publisher>Firenze University Press</publisher>
        <pubPlace>Florence</pubPlace>
        <date when="2026">2026</date>
        <idno type="DOI">https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.09</idno>
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          <p>Available for academic research purposes</p>
          <p>Open Access</p>
          <p>Copyright Author(s)</p>
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        <p>This is original content, published for academic research purposes</p>
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        <p>This work offers an approach to the identity of the Spanish diplomat José Nicolás de Azara from an organic and interpretive perspective of his relationships with three spaces of knowledge: the printing press, the library, and the art gallery or the studio.</p>
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            <item>José Nicolás de Azara</item>
            <item>stoicism</item>
            <item>identity</item>
            <item>places of socialization</item>
            <item>library</item>
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      <p>It is available online at https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.09<ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.09" /></p>
<div><head>Libros, sociabilidad y estoicismo: el diplomático <lb/>José Nicolás de Azara y sus lugares del saber/ser</head><p rend="h1_author ParaOverride-1"><hi>Noelia López-Souto</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Atiendo en este trabajo a un personaje, José Nicolás de Azara, al que me he acercado en otras ocasiones y cuyo rico perfil político-cultural permitiría tratar su relación con lugares del saber desde una perspectiva ortodoxa y como, de hecho, han sido ya </hi><hi rend="CharOverride-1">bien estudiados en otras ocasiones por investigadores como Olaechea (1987), Nicolás (1982), Cacciotti (1992, 1993), Elvira Barba (1993), Jordán de Urríes (2000, 2003, 2007), García Portugués (2007), García Sánchez (</hi><hi rend="CharOverride-1">2008, 2010), Gimeno Puyol (2010)</hi><hi>, López-Souto (2018, 2019) o Sánchez Espinosa (2024, 54-101),</hi><hi rend="CharOverride-1"> pues este culto diplomático mantuvo contacto con artistas, literatos, Academias, pensionados de San Fernando… e incluso él mismo fue nombrado en 1773 Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Academia de la Arcadia de Roma, además de la Real Academia parmesana en 1781, tras la publicación con Bodoni de su edición de las </hi><hi rend="italic">Opere</hi><hi rend="CharOverride-1"> de Mengs. No obstante, en este trabajo adoptaré una mirada diferente, más orgánica e interpretativa de valores simbólicos, lo cual nos lleva a identificar y analizar tres lugares </hi><hi rend="CharOverride-1">del saber que, considero, fueron fundamentales para Azara: él mismo los creó y a través de ellos buscó relacionarse con los demás, a través de ellos entendió y construyó su mundo, y a través de ellos también conformó su propia identidad y se proyectó, promocionó su imagen de sabio ilustrado y </hi><hi rend="CharOverride-1">logró asegurar su fama póstuma. Estos espacios son: la imprenta, la biblioteca y la galería de arte o el gabinete. </hi></p><div><head><hi>1. El diplomático Azara, hombre de bien y sujeto estoico</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">José Nicolás de Azara (1731-1804) fue un diplomático español, al servicio de Carlos III y Carlos IV, primero establecido en Roma en 1766 </hi><hi rend="CharOverride-1">para fungir como agente de Preces y después también ministro plenipotenciario ante la Santa Sede (1784-97); luego, enviado al París posrevolucionario, ejerció como embajador de España ante Napoleón en dos legaciones (1798-99 y 1800-</hi><hi rend="CharOverride-1">03)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-009">1</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Desempeñó esos cargos diplomáticos con conciencia del servicio público que ejercía para la Corona, si bien, en su entrega al bien público y a la representación de su nación, halló asimismo una vía para su propio cultivo como individuo. El marco de desarrollo artístico-</hi><hi rend="CharOverride-1">cultural y la reafirmación entonces de la cultura como herramienta para proyectar una positiva imagen del país y para establecer relaciones con otros o dinamizar las negociaciones internacionales, dado el triunfo del mecenazgo y los intereses artísticos entre esos representantes políticos, permitieron asimismo a Azara participar de la diplomacia cultural emprendida, instaurada y dominante en esa segunda mitad del siglo XVIII (más si cabe, en la capital de Italia, inexcusable destino del Grand Tour y centro del mercado anticuario y de las más importantes colecciones y bibliotecas </hi><hi rend="CharOverride-1">italianas, que eran – y aún son, en gran medida – las de los Príncipes de la Iglesia).</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Fue, de hecho, en su etapa fuera de España – lejos de su Huesca natal, </hi><hi>de su</hi><hi rend="CharOverride-1"> Salamanca de formación y </hi><hi>de su</hi><hi rend="CharOverride-1"> Madrid de las covachuelas y tertulias</hi><hi rend="CharOverride-1"> – cuando Azara acentuó y consolidó sus intereses coleccionistas por las artes, como afirma Elvira Barba (1993, 129), aunque ya el acercamiento al libro y la cultura literaria había empezado a cultivarlo en su etapa de colegial en Salamanca o de oficial </hi><hi rend="CharOverride-1">en la Secretaría madrileña. Estos intereses artístico-librescos se afianzaron, además, debido a que en el siglo XVIII la bibliofilia y el coleccionismo de antigüedades fueron casi una exigencia o comportamiento natural y consustancial al cargo de agente</hi><hi rend="CharOverride-1"> diplomático: pensemos en perfiles como el conde de Floridablanca, Manuel Godoy, Eugenio de Llaguno, el marqués de Santacruz, el portugués Fernán Núñez, el americano Benjamin Franklin, el holandés Matthys Lestevenon, el francés Pierre-Louis Guinguené o François-Joachim de Pierre cardinal de Bernis, </hi><hi rend="CharOverride-1">etc. Este modelo, que puede ya rastrearse en siglos anteriores, alcanza su edad dorada en el Siglo de las Luces (Martínez Montes 2021). En el caso de Azara, como legado en la Italia donde triunfaba el Neoclasicismo y el </hi><hi rend="CharOverride-1">hallazgo de vestigios artísticos de la Antigüedad, era obligado que se interesase por el conocimiento de su realidad, de la cultura circundante, de los saberes del momento y de las modas o prácticas propias a la élite social con la que debía relacionarse, interactuar y negociar o fomentar un favorable clima de diálogo y colaboración entre países. Como prueban sus estudiosos, el mérito del Caballero no fue</hi><hi rend="CharOverride-1"> solo practicar las inquietudes culturales que Roma le posibilitó (artísticas o anticuarias, como coleccionismo o mecenazgo, y teórico-filosóficas), sino sobresalir en todas esas facetas.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Así, como buen hombre del siglo XVIII y conforme al modelo de hombre de bien – propio a su condición y clase social elevada –</hi><hi rend="CharOverride-1"> persiguió el ideal clásico del hombre sabio estoico (García Gual, e Imaz 1986, 35), lo que implicaba no solo procurar definirse como buen ciudadano, virtuoso en su recta conducta y valores, sino, a la vez, preocupado por el bien en beneficio de la nación y para adelant</hi><hi rend="CharOverride-1">arla en sus artes o ciencias. De hecho, reflejan este pensamiento y práctica estoica sus lecturas predilectas – ya que en su biblioteca portátil viajaba con un par de libros, un Tácito y un Séneca, que, afirma, «Li lego, li rilego e mi consolano» – </hi><hi rend="CharOverride-1">, sus autores de cabecera – Horacio, Cicerón o Virgilio – y sus valores y comportamiento mesurado ante los cambios o episodios negativos </hi><hi rend="CharOverride-1">de su vida, datos que comparte con Bodoni en su epistolario (López-Souto 2019a, AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1796-XI-18</hi><hi rend="CharOverride-1">)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-008">2</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Ese ideal </hi><hi rend="CharOverride-1">estoico experimenta una revitalización en el siglo XVIII porque, como explica Bolufer Peruga, es coincidente con la ética ilustrada de «el placer de hacer el bien y de ser útil a sus semejantes» (2007, 16), idea vertebral en el programa del siglo de las Luces, y</hi><hi rend="CharOverride-1"> además tampoco difiere de – sino que redunda en – el citado nuevo patrón de masculinidad del hombre de bien, obligado a </hi><hi rend="CharOverride-1">controlar su conducta en todos los momentos y ámbitos, públicos y privados.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Si la doctrina estoica, como sostiene Veyne (1995), fue una corriente filosófica que trataba de establecer, más que una construcción conceptual, un </hi><hi rend="italic">arte de vivir</hi><hi rend="CharOverride-1">, en esa forma de existencia</hi><hi rend="CharOverride-1"> como hombre de bien, diplomático, estoico e ilustrado, podríamos sostener que Azara fue, ante todo, un hombre de libros y que confeccionó, incluso su vida, su trabajo y su modo de comportarse, en torno a ellos, que no fueron más que una prolongación de su identidad y existencia. Si tenemos en consideración la relación del diplomático con </hi><hi rend="CharOverride-1">«las cosas» edificadoras de su marco cotidiano (aprehendidas por el propio individuo) y si recordamos que para los estoicos también el </hi><hi rend="italic">logos</hi><hi rend="CharOverride-1"> tiene un cuerpo material, un fiel retrato de Azara podría ser el que realizase el manierista Arcimboldo, que compondría su imagen mediante </hi><hi rend="CharOverride-1">libros, objetos que le habitaron y formaron, con los que cohabitó y se relacionó, y en los que vivió – y </hi><hi rend="italic">literalmente</hi><hi rend="CharOverride-1"> todavía sobrevive –. </hi><hi rend="CharOverride-1">El libro fue clave en su biografía, como hombre público y privado: hubo de ayudarle, de hecho, en su búsqueda y conquista de la </hi><hi rend="italic">autarkía</hi><hi rend="CharOverride-1"> o independencia del sujeto estoico, o sea, en su construcción como individuo capaz de gobernarse y de preferir el bien colectivo antes que el placer individual, pero también </hi><hi rend="CharOverride-1">en la capacidad y voluntad para separarse de las veleidades y fluctuaciones que afectaron a la sociedad de finales de las últimas décadas del XVIII, en las que se produjo un cambio de paradigma y sistema social en Europa.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En esta concepción del objeto libro por parte del ilustrado Azara conviene recordar la cita de Benjamin a propósito del grabado de Durero sobre el hombre melancólico que, como ya Aristóteles explicó en su Problemata XXX/1, es el «hombre excepcional» o el </hi><hi rend="CharOverride-1">sabio:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>El saber del rumiante y el investigar del erudito se fundieron en él [grabado de Durero </hi><hi rend="italic">Melancolía</hi><hi>] tan íntimamente como lo hicieron en el hombre del Barroco. El Renacimiento explora el universo; el Barroco, las bibliotecas. La meditación que es propia de este adopta justamente la forma de libro (2007, 354).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En el grabado de Durero se representa al sabio rodeado de objetos, que entran en relación con él, aunque el sujeto no hace empleo de ellos. Conforme al pensamiento de Remo Bodei, las cosas que vemos, nombramos y con las que nos relacionamos son importantes para nosotros porque poseen un potencial simbólico poderoso.</hi><hi rend="CharOverride-1"> Se trata de nodos de significado que nos conectan no solo con los otros sino con nuestro marco de realidad y con nosotros mismos, puesto que proyectamos nuestra subjetividad en ellas, nos definimos y reflexionamos con y a través de ellas (2013). La pieza determinante y primigenia de esos nodos de interacción con </hi><hi rend="italic">su</hi><hi rend="CharOverride-1"> realidad y exploración de la misma, en el caso de Azara, es el libro en tanto que objeto creador de un espacio universal y que difumina la frontera entre el yo y las cosas, espacio físico e intelectual, ente aurático</hi><hi rend="CharOverride-1"> y cotidiano. Si el hombre barroco, según Benjamin, explora «las bibliotecas» como un modo de estar y conocer su mundo, también el hombre de letras o </hi><hi rend="italic">philosophe</hi><hi rend="CharOverride-1"> ilustrado focaliza su mirada en los libros, productos humanos y dotados de significado e interpretados por hombres, contenedores de saber con los que trata de trascender el tiempo o anular su poder destructor y la efímera existencia humana (pues los libros pueden recoger el saber </hi><hi rend="CharOverride-1">pasado, el presente y guardar ese conocimiento para el futuro): en este sentido, el afán enciclopedista de algunos ilustrados puede encerrar, en el fondo, la misma voluntad optimista de combatir el </hi><hi rend="italic">tempus fugit</hi><hi rend="CharOverride-1"> que la de los coleccionistas y bibliófilos, quienes desafían al tiempo </hi><hi rend="CharOverride-1">con sus galerías de objetos. Ambos, en suma, crean espacios de saber (materiales ambos porque, recuérdese, para los estoicos el </hi><hi rend="italic">logos</hi><hi rend="CharOverride-1"> posee también una corporeidad), sobre los que proyectarse y con los que dialogar, consigo mismos y con los otros (del pasado, coetáneos o futuros).</hi></p><figure>
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						</figure><p rend="caption_figure">Figura 1 – <hi rend="italic">Dedicatoria a Azara en Anakréon 1791 in-16</hi>. Parma: Giambattista Bodoni. Colección particular.</p></div><div><head><hi>2. Azara y la imprenta: el arte del mecenazgo y su vínculo con el tipógrafo Bodoni</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Quizá fue en este terreno donde Azara sintió más realizada su condición estoica de individuo capaz de construirse mediante la preferencia generosa o el cultivo del bien colectivo, o sea, mediante la ayuda o el beneficio a otros sujetos e incluso a su nación. No obstante, en esta práctica del mecenazgo en relación con un instrumento tan poderoso y transmisor de poder como lo fue la imprenta en el siglo XVIII, Azara tampoco renunció a su propio beneficio, puesto que: de un lado, establecerá un vínculo de patronazgo o promoción de libros o autores en base a un interés artístico-intelectual común con ellos; </hi><hi rend="CharOverride-1">y, de otro lado, este es un terreno material por el que su yo transita y amplía sus perfiles, dado que mediante esos productos impresos consigue prolongar y compartir con otros sus espacios de saber, los concretos de su vida cotidiana o de sus intereses (político-culturales) y de conocimiento.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por supuesto, el caso más conocido y fértil de su estrecha relación con la imprenta está representado por su mecenazgo a Giambattista Bodoni (1740-1813), tipógrafo al que debió </hi><hi rend="CharOverride-1">de conocer en 1773 en ocasión de una visita diplomática a Parma (Cátedra 2013, 213). Esta relación entre el embajador español y el maestro de la imprenta Bodoni devino en una mutua sinergia profesional-amistosa en base al libro impreso y la dimensión que en torno a él se generaba: un mapa humano común, sobre todo italoespañol, un escenario de intereses y proyectos compatibles y compartidos, y un mutuo enriquecimiento del otro. </hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>[…]</hi><hi> los favores recíprocos que entre ellos se prestaban (por un lado, Azara recibía la inmortalidad como mecenas y el obsequio de libros, para él o para otros, en su nombre), y Bodoni se beneficiaba de la protección de un mecenas influyente en Italia, ante la Curia y, en especial, que mediaba a su favor ante la Corte española, además de preocuparse por su progreso como tipógrafo y por la promoción y difusión de su obra, catálogo al que contribuyó con el impulso de proyectos editoriales comunes (el Mengs it</hi><hi>aliano de 1780, el Bowles de 1783, los clásicos latinos </hi><hi rend="italic">in folio</hi><hi> dedicados a Carlos III, el Bernis de 1795) (López-Souto 2018, I, lxxxi)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-4"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-007">3</ref></hi></hi><hi>.</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">De hecho, ambos socializaron y visibilizaron su amistad, lo cual revertió</hi><hi rend="CharOverride-1"> positivamente en sus carreras profesionales – dado el prestigio de ambas figuras – y estimuló nuevas redes de contactos, redes sociopolíticas o culturales en muchas ocasiones compartidas o familiares para los dos. Sus cartas privadas, en este sentido, permiten probar, de primera mano, la conexión y expansión de sus respectivas realidades (López-Souto 2018). En ellas comparecen un amplio número de personajes, amigos, intelectuales y políticos, de ambas Cortes: tanto españoles, como Juan de Santander, Francisco Pérez Bayer, Tomás de Iriarte, Gaspar Melchor de Jovellanos, Manuel Salvador Carmona, Joaquín Ibarra, Gabriel de Sancha, políticos como José Moñino conde de Floridablanca, el ambicioso y bibliófilo Manuel Godoy, el colega Eugenio de Llaguno, etc.; también vinculados con el Ducado, italianos o españoles establecidos en él, como </hi><hi rend="CharOverride-1">los amigos Girolamo Obach, el erudito Paolo Maria Paciaudi, Gian Bernardo de Rossi, Fernando Magallón, Benito Agüera, Troilo Ventura, Cesare Ventura, etc.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-3">E</hi><hi rend="CharOverride-1">l interés que hubo de existir por ambas partes para desarrollar esa amistad habría garantizado el éxito y la solidez de su relación personal y profesional hasta enero de 1804, fecha de la muerte de Azara en París. La explícita petición de Bodoni para ponerse al servicio de España y el regalo protocolario de los </hi><hi rend="italic">Epithalamia</hi><hi rend="CharOverride-1"> de 1775 a Azara y a los reyes Carlos III y María Luisa – vínculo que Cátedra ha abordado en profundidad (2015</hi><hi rend="CharOverride-1">) – pone de manifiesto que probablemente fue el tipógrafo el que, con aguda visión de futuro, tomó la iniciativa de abrir su amistad con el español y asimismo su galanteo con la Corte madrileña. Pudo ser, por tanto, que el Tipógrafo del Duque de Parma, atrapado en un ambiente plomizo e incierto para su progreso artístico, diese el primer paso hacia la construcción del espacio de saber mutuo Azara-Bodoni, alzado </hi><hi rend="CharOverride-1">en base al libro impreso o el arte tipográfica: frutos de esa amistad y de su colaboración son, principalmente, sus libros en colaboración (con participación directa o indirecta de sus figuras), sus cartas conservadas y sus mutuas amistades.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">El enlace del nombre de Azara con una autoridad como Bodoni y la materialización literal de esta relación en dedicatorias, libros conjuntos o dentro del corpus epistolar privado conservado en Parma (López-Souto 2019</hi><hi rend="CharOverride-1">b), propician que la imprenta se constituya como primer espacio cultural de saber del propio Azara, quien no solo se moverá en él activamente y promoverá su desarrollo (a través de la figura de Bodoni), sino que invitará o ayudará a transitar por él a otros amigos y personajes próximos a los que patrocinará, protegerá o, simplemente, respaldará en su trabajo, como a</hi><hi rend="CharOverride-1">l abate Visconti, al abate Arteaga, al latinista Carlo Fea, al tratadista Francesco Milizia o al padre mexicano Pedro José Márquez – del que, </hi><hi rend="italic">stricto sensu</hi><hi rend="CharOverride-1">, Azara no fue mecenas, aunque sí protector: esto es, respaldó su labor cultural y de tratadista de las artes, lo introdujo en una red de artistas anticuarios y en su círculo de influencia, lo premió con el ascenso de su pensión y le ayudó a publicar algunas obras, pues fue dedicatario </hi><hi rend="CharOverride-1">de </hi><hi rend="italic">Delle ville di Plinio il giovane </hi><hi rend="CharOverride-1">(1796), participó en la corrección de su tratado </hi><hi rend="italic">Dell’ordine dorico… </hi><hi rend="CharOverride-1">(1803) y le proporcionó materiales para sus </hi><hi rend="italic">Illustrazioni della villa di Mecenate in Tivoli </hi><hi rend="CharOverride-1">(1812) – . De hecho, de continuar en Roma, probablemente Márquez hubiese sido impreso por Bodoni, pues su caso fue muy similar al patrocinio</hi><hi rend="CharOverride-1"> antes referido de Fea – a quien Azara escogió para integrar su taller de abates y editar el primer clásico, el Horacio de 1791, o al que proporcionó materiales para la publicación de su nueva edición anotada de las </hi><hi rend="italic">Opere</hi><hi rend="CharOverride-1"> de Mengs </hi><hi rend="CharOverride-1">de 1783 con Remondini – o Milizia – con quien también compartió materiales del amigo Llaguno para incluir en sus </hi><hi rend="italic">Memorie degli architetti</hi><hi rend="CharOverride-1">…, como estudia Salas (1946, 102-07</hi><hi rend="CharOverride-1">) o Cera (2019) – .</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Así pues, la columna vertebral del edificio del saber </hi><hi rend="italic">imprenta</hi><hi rend="CharOverride-1"> fue Bodoni, pero en este terreno, como hemos dicho, Azara fue capaz de introducir a otras amistades o contactos, que se beneficiaron de ser impresos por el tipógrafo italiano: siempre, no obstante</hi><hi rend="CharOverride-1">, los proyectos o los firmantes fueron del interés del español, como la defensa del Horacio in-fol. por parte de Arteaga en contestación a las críticas de Vannetti (</hi><hi rend="italic">Lettera di Stefano Arteaga, </hi><hi rend="CharOverride-1">1793), los </hi><hi rend="italic">Saggi sul ristabilimento dell’antica arte de’ Greci e Romani pittori </hi><hi rend="CharOverride-1">de Vicente Requeno, 1787;</hi><hi rend="italic"> las Osservazioni su due musaici antichi </hi><hi rend="CharOverride-1">de E. Q. Visconti, 1788 o el Teócrito griego de Zamagna de 1792. Otras veces aconsejó nombres por razones de mayor «compromiso»</hi><hi rend="CharOverride-1"> político-cultural, como seguramente fue el caso de libros como </hi><hi rend="italic">Dell’economia naturale e política </hi><hi rend="CharOverride-1">de Segismondo Chigi, dueño de la biblioteca donde trabajó el abate colaborador Visconti y también Fea, o la oración fúnebre de Ridolfi, para quien Azara sirvió de intermediario en su comunicación con Bodoni sobre</hi><hi rend="CharOverride-1"> la </hi><hi rend="italic">Relazione delle essequie</hi><hi rend="CharOverride-1">… de 1789, edición papal en honor al difunto Carlos III.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Más allá del círculo bodoniano, aunque en gran medida a partir de la documentación que proporcionan sus cartas, conocemos la próxima relación de Azara con el impresor romano Marco Pagliarini y aun más con su hermano Niccolò, librero que debía de ser uno de los habituales que frecuentaban el Palacio de España</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-006">4</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. En sus visitas aprovecharían para hablar sobre cuestiones librarias, nuevas adquisiciones y, en 1789, sobre la </hi><hi rend="italic">Relación de las exequias</hi><hi rend="CharOverride-1"> que preparaban en su imprenta; asimismo, conversarían y opinarían acerca de ciertas ediciones bodonianas o nuevas muestras </hi><hi rend="CharOverride-1">de imprenta recibidas de Parma (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1786-IX-27</hi><hi rend="CharOverride-1">). La estima del español hacia el librero e impresor Marco Pagliarini quedó probada en el apoyo a su favor ante Floridablanca para que este le concediese la licencia de impresor de la Embajada en 1778 (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1789-I-14, n. 8)</hi><hi rend="CharOverride-1">.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Asimismo, en el epistolario Azara-Bodoni se visibiliza la familiaridad de los dos correspondientes con numerosos nombres de agentes proveedores: libreros como el </hi><hi rend="CharOverride-1">romano Jacques Blanchon</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-005">5</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">, el florentino Giuseppe Molini</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-004">6</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">, el parisino Antoine Augustin Renouard y los ingleses James Edwards o David Steuart</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-003">7</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">; también el comerciante y marchante Crevenna, y otros impresores coetáneos como Giuseppe Remondini de Bassano, que compró caracteres a Bodoni (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1783-II-</hi><hi rend="CharOverride-3">15</hi><hi rend="CharOverride-1">)</hi><hi rend="CharOverride-1"> o la oficina de Rossi di Finale, con la que Azara debió de mantener contacto (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1781-VIII-23</hi><hi rend="CharOverride-1">)</hi><hi rend="CharOverride-1">.</hi></p></div><div><head><hi>3. Azara y su biblioteca: bibliofilia, conversación y amistad cultural</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Si la imprenta fue para Azara un espacio de saber que se definió por su carácter activo y productivo, donde el español practicó la exteriorización de su identidad (su nombre, gustos estético-tipográficos, influencias, mecenazgo, amistades, intereses artístico-culturales y políticos, etc.) a la vez que la ayuda al otro(s), la biblioteca se constituyó como un espacio de saber más introspectivo y con movimiento más centrípeto que centrífugo. De hecho, la rica colección de Azara, que Juan Andrés pudo conocer y exaltó en su paso por Roma en 1786 </hi><hi rend="CharOverride-1">(Fabbri 2008, I, 66-68), genera un fuerte poder de atracción y se convierte, en efecto, en lugar de visita para viajeros que pasan por la capital, como Viera y Clavijo (1849, 66) o Ponz (Rivero 1947, XIV, 1237-38). También la biblioteca sirvió a Azara como lugar de acogida de visitas diplomáticas, de las que a menudo se queja a Bodoni porque, dice, «Certi nobili, da vicino come da lontano, incommodano» (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1785-V-</hi><hi rend="CharOverride-3">18</hi><hi rend="CharOverride-1">). Sin embargo, esas mismas tareas, «cerimonie, invitti, etichette e miserie» (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1789-VIII-12</hi><hi rend="CharOverride-1">), fueron las que le abrieron una amplia red de contactos con la élite político-cultural europea del momento, muchos de los cuales habrían admirado su primorosa biblioteca privada y visto en ella las exquisitas ediciones de su amigo Bodoni. Un ejemplo que ilustra estas recepciones diplomáticas, con acceso a su librería, sería el siguiente caso referido a Bodoni en septiembre de 1786: </hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Vengono di pranzare meco quaranta persone, le prime del paese, con molti forestieri. Tutti hano ammiratto il Longo [Longos 1786] in maniera che manifesta la loro meraviglia. È uscito Didot in campagna […], ma io subito ho confrontato le opere di lui coll mio Longo ed ho avuta la soddisfazione di vedere arrossire i prottetori di quel povero artigiano (AB </hi><hi>1786-</hi><hi>IX-20</hi><hi>).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Asimismo, la biblioteca debió de ser lugar de celebración de reuniones culturales, tanto informales e improvisadas, como las conversaciones cotidianas de Azara con los amigos Visconti, Bernis, los Pagliarini o incluso el cardenal </hi><hi rend="CharOverride-1">bibliófilo Zelada, quien seguramente muchas veces sació su curiosidad libresca y se decidió por encargar a Azara ediciones de Bodoni a partir de las novedades que en esa estancia vería y que el español habría recibido de su amigo en Parma; pero también</hi><hi rend="CharOverride-1"> debió de ser espacio de tertulias programadas y de conocimiento público. En el Palacio de España se organizaban reuniones artístico-literarias que debieron congregar a un selecto grupo de artistas, teóricos y eruditos, anticuarios, bibliófilos, etc. amigos, invitados o visitantes recibidos por el cicerone Azara, en cuya residencia oficial constituyó una verdadera institución del saber artístico-cultural que entonces florecía en Roma (Jordán de Urríes 1995, 247; García Sánchez 2009, 50). Azara acogió en </hi><hi rend="CharOverride-1">su residencia oficial, por una parte, una escuela propia de dibujo</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-002">8</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">, en la que su amigo, el pintor aragonés Buenaventura Salesa, daba clases nocturnas y en la que sus asistentes podían copiar piezas de arte de la colección privada del embajador español, así como complementar su formación y promoción, por otra parte, en las tertulias artístico-eruditas que se organizaban en el Palacio los miércoles y viernes, e incluso otros eventos de socialización, diplomático-culturales, a los que Azara invitaría a los jóvenes artistas más prometedores y próximos a él con el fin de que estableciesen contactos y se presentasen ante la élite romana, de la que podían obtener encargos u ofertas de trabajo</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-001">9</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por tanto, la biblioteca de Azara, espacio privado e íntimo, en cuya selección </hi><hi rend="CharOverride-1">de ejemplares proyecta su propia identidad, también se vuelve público y un espacio de saber abierto a los otros – para la utilidad y bien del otro, conforme a una perfecta ética ilustrada y según el modelo del sabio estoico – .</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Además, como teoriza</hi><hi rend="CharOverride-1"> Bodei (2013), la biblioteca puso a Azara en relación con otros bibliófilos de su mismo tiempo y espacio: destacan, por frecuentarle en su residencia y por mantener una más estrecha relación con el español, el poderoso cardenal Francesco Saverio Zelada, el bibliófilo y anticuario Ennio Quirino Visconti, su amigo y colega francés, coleccionista y poeta, cardenal Pierre de Bernis – con quien compartió </hi><hi rend="CharOverride-1">retiros en Tívoli – o incluso el ilustre bibliófilo, helenista y arqueólogo romano Giovanni Cristofano Amaduzzi, prefecto de la imprenta De Propaganda Fide. Otros ejemplos fueron el cardenal Giovan Francesco Albani, sobrino del insigne bibliófilo Alessandro Albani y con quien el Caballero hubo de compartir su antijesuit</hi><hi rend="CharOverride-1">ismo y pasión bibliófila; el cardenal helenista y bibliófilo Lodovico Flangini, poseedor de una rica biblioteca; el cardenal Giuseppe Garampi, amigo anticuario y bibliófilo, antiloyolita y erudito, el coleccionista y amigo príncipe Chigi o el propio papa Pío VI; el príncipe, mecenas y bibliófilo Marco Antonio Borghese IV, Francesco Riccati de Bassano; etc. A veces, estos contactos o amistades le permitieron disponer a Azara de libros raros o muy difícilmente asequibles, como el Horacio del Ianni, que Garampi le prestó para la preparación de su primer clásico latino con Bodoni o</hi><hi rend="CharOverride-1"> la consulta del </hi><hi rend="italic">Globo cuffico</hi><hi rend="CharOverride-1">…, obra que Azara admiró en la colección Borghese. Su biblioteca y deseo de enriquecerla también le condujo a otras, hacia las que mostró interés, como las de Rossi o Imperiali (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1786-II-15</hi><hi rend="CharOverride-1">; </hi><hi rend="CharOverride-3">1791-II-02</hi><hi rend="CharOverride-1">). E incluso la biblioteca le permitió entablar amistades apreciadas como la del marchante Crevenna, que acudió recomendado por Bodoni para visitar al español y conocer su librería: los dos conectaron enseguida, a través del libro, y crearon un vínculo amistoso que fue</hi><hi rend="CharOverride-1"> efímero debido a la temprana e imprevista muerte del holandés (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1792-IX-00</hi><hi rend="CharOverride-1">).</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por otra parte, la biblioteca de Azara debe ser comprendida, también, como lugar de trabajo y provista de herramientas que contribuyer</hi><hi rend="CharOverride-1">on no solo a su propia formación y lecturas, culturales e incluso para su trabajo diplomático, sino asimismo para la edición de sus clásicos con Bodoni, ya que se ocupó de adquirir las ediciones que iban a necesitar o que él deseaba tener para decidir la lección textual más correcta o la solución estética más apropiada para tomar como modelo. No son pocos, en este sentido, los encargos que emprende para enriquecer su librería, algunos de ellos con la ayuda de Bodoni, como la adquisición del Heyne de 1788-89 para seguir su texto en el Virgilio</hi><hi rend="CharOverride-1"> bodoniano (libros buscados en otras partes de Italia, Viena, Alemania o cualquier punto de Europa).</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Pero, desde esta misma visión instrumental, la biblioteca de Azara también fue espacio de trabajo para otros, como Miliza o Márquez, quienes en agradecimiento al español dejaron en sus libros representado y prestigiado ese espacio de saber </hi><hi rend="CharOverride-1">sin el que su estudio no se habría desarrollado. Copiamos aquí la imagen creada y difundida por Milizia en la dedicatoria de sus </hi><hi rend="italic">Memorie </hi><hi rend="CharOverride-1">(1781), donde exalta a Azara como sabio estoico, parangonable en méritos a los antiguos Jenofonte, Cicerón o Plinio, y poseedor de una rica biblioteca que pone al servicio de los otros y del avance del estudio de las artes:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Geni sublimi che seppero dagl</hi><hi>’ impieghi pubblici raccorre ritagli di tempo per erudirsi e per illuminare tutta la posterità; cuori generosi infiammati del genere umano. […] Ella, Signore, è in questa nobil clase. […]. La filosofia strinse l’amicizia tra Lei e quel Pittor filosofo, di cui Ella ha tessuta la vita e ha pubblicate e comentate le </hi><hi rend="italic">Opere</hi><hi> […]. Ella si è anche degnata promuovere la ristampa delle </hi><hi rend="italic">Vite degli Architetti</hi><hi> e a questo riflesso mi ha somministrate molte notizie architettoniche di Spagna, che io ho inserite con altre aggiunte e con modificazioni, </hi><hi>ricavate in gran parte dalla sua scelta Librería.</hi><hi> Alla sua beneficenza si debe adunque questa nuova edizione, la quale è ben dovere che porti in fronte il nome di Lei, che io amo quanto stimo. </hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Ahora bien, en esa librería también había muchas piezas de bibliofilia –</hi><hi rend="CharOverride-1"> solo para ser admiradas como obras de arte – . Los libros bodonianos destacarían, para Azara, entre esas piezas y debían de ocupar un lugar privilegiado en su colección, en especial los ejemplares bodonianos que él llama «libri di biblioteca», a saber, libros en gran formato y dispuestos sobre el mobiliario para ser admirados por su belleza material: pensemos, por ejemplo, en los dos </hi><hi rend="CharOverride-1">Horacios de Azara in-fol. y en pergamino, o sus dos Virgilios o Catulos. La identidad y exquisito gusto del poseedor quedarían, en parte, representados en esa relación con objetos bodonianos de esta suerte, por la relación entre un libro magnífico y sus observadores; y aun</hi><hi rend="CharOverride-1"> quedaría representada con su vasta y seleccionada biblioteca de hombre de su tiempo y de estudioso del pasado, del mundo natural, de la arquitectura urbana y del pensamiento humano de ayer a hoy: un perfecto sabio estoico que, además, abre al bien y utilidad de otros (y de su nación) su rica biblioteca.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Este espacio de saber, por consiguiente, congrega conocimientos y fomenta la aculturación de su poseedor y usuario principal, pero también es un espacio de reunión de hombres interesados en la cultura y el arte, por tanto, espacio de intercambio de ideas y de enriquecimiento colectivo y aprendizaje. Pero también fue espacio que le sirvió para conocer y entablar amistad con personajes interesantes como el ya citado Crevenna, marchante de libros, o el diplomático holandés Lestevenon, que viajaría de vuelta a su destino con un ejemplar del Horacio </hi><hi rend="italic">in folio</hi><hi rend="CharOverride-1">. Fue la biblioteca, en suma, un espacio de apertura de su mundo privado, con su imagen más íntima de sí (gustos, pensamiento, modo de estar anclado en su tiempo y entender su tiempo desde ella), pero a la vez era su librería un lugar de saber para ser visto</hi><hi rend="CharOverride-1">, admirado y utilizado por otros. De nuevo, el binomio entre bien particular/colectivo se aúna en este lugar, puesto que esa librería debía ser vista y nombrada para alcanzar su mayor grandeza, su proyección y su valor simbólico; para sí y para otros, contenedora de saber y belleza en igual medida. Su representación por diversas voces (la de Azara en las cartas con Bodoni, en los comentarios de visitantes a Roma como Andrés, en el cuadro de Javier Ramos como espacio </hi><hi rend="CharOverride-1">atemporal – donde están Mercurio y Atenea – o en la dedicatoria de las </hi><hi rend="italic">Memorie</hi><hi rend="CharOverride-1"> de Milizia)</hi><hi rend="CharOverride-1"> mitifica ese lugar del saber y potencia la extensión de sus límites. Esa biblioteca porta, en sus referencias, la imagen de su posesor como hombre de bien, estoico, cultivado y preocupado por autorregularse y ayudar a los otros. En suma, se trata de un espacio de saber creado por Azara en sus diversas piezas y puesto a disposición de sus amigos o visitas</hi><hi rend="CharOverride-1">, para que ejerza el bien en ellos (como antes en sí) y para que prolongue su imagen y (re)nombre. Así, fuera de sí también suscita tejido socializador, pues dibuja el mapa de sus visitantes y usuarios, quienes pasaron por ella, se interesaron y se nutrieron de ella.</hi></p></div><div><head><hi>4. </hi><hi>Azara, su galería y gabinete: arte y diplomacia</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por último, el tercer lugar del saber que hemos identificado en relación con Azara se bifurca en dos concreciones, la galería de arte y el gabinete, que hemos enlazado por el protagonismo menor o indirecto que el libro desempeña en ambos espacios. En los dos, además, el perfil público del aragonés y su cargo como representante de la Corona española cobran especial relevancia.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">De un lado, su galería de arte, que según García Sánchez </hi><hi rend="CharOverride-1">«debía de ser una de las galerías más prestigiosas de la Ciudad Eterna» de entre las formadas en el siglo XVIII (2010, 29), reproduce, en igual medida, los significados ya vistos para la biblioteca. Alberga una copiosa colección de pintura (lienzos de Murillo, Velázquez, Ribera, Goya y, muy en especial, de su amigo Mengs), colecciones de escultura y de retratos antiguos</hi><hi rend="CharOverride-1"> (Milcíades, Menandro, Licurgo, dos réplicas de Homero del tipo Apolonio, César, Marco Antonio…), colecciones de entallos y camafeos, y asimismo otras de monedas antiguas, de mármoles antiguos, de mosaicos e inscripciones. En su galería </hi><hi rend="CharOverride-1">Azara aúna conocimientos de diversas bellas artes y movimientos estéticos, desde la Antigüedad a obras del renacimiento, del barroco o de artistas coetáneos, y con ella exhibe su formación en la estética y el mundo de los antiguos, su buen gusto neoclásico y su admiración por filósofos, poetas y personajes ilustres grecorromanos, pero también su compromiso y contribución al bien de su nación con el apoyo y patrocinio de iniciativas arqueológicas, como las excavaciones en 1777 en Villa Negroni y desde 1779 en Villa de los Pisones, en Tívoli</hi><hi rend="CharOverride-1"> (de donde proceden algunas piezas), con la apertura y utilización de su colección artística para el aprendizaje de los jóvenes de la escuela de Salesa y otros artistas españoles asentados en la Urbe (que practicaban realizando copias de obras de su galería) o con la donación en 1796 de los hermas y estatuas clásicas a Carlos IV para que sirviesen «al gusto público» (García Sánchez 2010, 670; 32)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-2"><hi><ref target="xml_09.html#footnote-000">10</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. </hi></p><figure>
							<graphic url="xml_09-web-resources/image/Figura_2._Homero.jpg" rend="img _idGenObjectAttribute-1" mimeType="image/jpeg"/>
						</figure><p rend="caption_figure">Figura 2 –  <hi rend="italic">Homero</hi>, siglo II. Busto en mármol blanco, 61 x 35 cm. Colección José Nicolás de Azara [que lo identificó con el filósofo Platón]. Museo del Prado. ©Archivo Fotográfico del Museo Nacional del Prado</p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Asimismo, el diplomático permitió el acceso y trabajo en su galería para la elaboración de libros como las </hi><hi rend="italic">Osservazioni su due musaici </hi><hi rend="CharOverride-1">del anticuario y latinista Ennio Quirino Visconti, amigo de Azara que, con este estudio de dos mosaicos romanos de la colección del español, logró incluirse en el catálogo de publicaciones bodonianas en 1788. La edición se abre con dos grandes grabados de los mosaicos y, aunque sin duda prestigia al mencionado Visconti por la calidad del libro, la difusión de su estudio erudito</hi><hi rend="CharOverride-1"> y su vinculación con dos figuras relevantes del mundo político-cultural italiano, bien pudo ser una iniciativa promovida, sobre todo, por Azara para visibilizar y acercar su colección de mosaicos al público, promover su imagen de coleccionista y protector de obras de la Antigüedad, dispuestas</hi><hi rend="CharOverride-1"> para su estudio y el conocimiento de la sociedad. De nuevo observamos, por consiguiente, que la galería de arte se erige como espacio de saber que prolonga la identidad del Caballero (proyecta sus gustos, intereses y conocimientos teórico-artísticos) e incide en el reiterado binomio de</hi><hi rend="CharOverride-1">l cultivo y beneficio particular y, a la vez, colectivo. Es más, al margen de la aculturación y la formación artística que se desprende de esta galería, su valor político-cultural resultaría clave, pues en una Roma donde destacaba la notoriedad y posición influyente de Azara como conocedor de las artes, célebre partícipe en el mercado de obras antiguas y neoclásicas, así como mecenas y promotor de las mismas, </hi><hi rend="CharOverride-1">estas cualidades del posesor repercutirían de modo positivo en la eficacia de su labor diplomática y de representación de su país, pues su nombre cobró entonces alto crédito.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Otro espacio muy conectado con esa vertiente política o de diplomacia cultural del Caballero fue su gabinete, que </hi><hi rend="CharOverride-1">dentro de la vivienda sería un lugar de trabajo y de estudio:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>[habitación] para poder concentrarse y no ser molestado. […] Aunque pudiera reunir en tertulia algunos amigos, en él se realizaba el trabajo solitario de interpretación e interiorización de lo aprendido y el de creación […], pero también simbolizó actitudes morales, pues era lugar para la edificación interior (Álvarez Barrientos 2020, 88, 96-97).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Este espacio de saber, por tanto, Azara lo reservaría para realizar las labores de estudio y de escritura propias de su condición como diplomático, de las que tan a menudo se queja a Bodoni en su correspondencia, en especial durante su etapa en París, aunque también en su legación de Roma. Así, en carta de noviembre de 1781, contrasta sus ocupaciones con las del amigo: «Lei ha la consolazione di produrre cose belle bellissime che lo renderanno immortale. </hi><hi rend="CharOverride-1">Io sono più occupato di Lei in cose le più inutili del mondo […] diametralmente opposte alla propria maniera di pensare» (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1781-XI-15</hi><hi rend="CharOverride-1">).</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En esta actividad diplomática y en la gestión de sus funciones como responsable de los jóvenes españoles pensionados en Roma o asimismo como responsable de la aprobación de las pensiones adjudicadas a los jesuitas expulsos en Italia (y sus «ascensos» o promociones, con la duplicación o triplicación de su pensión), hemos de incluir su dedicación a la escritura de cartas, oficiales y privadas, labor que sin duda ocupó a Azara en su gabinete varias horas diarias. Su correspondencia oficial desde Roma y París </hi><hi rend="CharOverride-1">con representantes del gobierno en la Corte madrileña, con Floridablanca, Godoy, Llaguno, Roda, Aranda, Urquijo, etc., queda bien ilustrada en la edición de Gimeno Puyol (2010) y otros muchos nombres de ministros o diplomáticos distribuidos por Europa, algunos amigos y con los que mantuvo además carteo privado, como Mathys Lestevenon o el marqués de Santa Cruz, pueden rastrearse mediante su epistolario privado con Bodoni. Las cartas a este amigo, de hecho, también serían escritas desde el gabinete y su frecuencia y carácter amistoso-profesional no le merecerían poca inversión de tiempo.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por otra parte, no pueden olvidarse sus labores como editor y autor en el Mengs 1780 (con su «Comentario»), los elogios fúnebres a Carlos III (impresos por Bodoni) y la </hi><hi rend="italic">Relación de las exequias…</hi><hi rend="CharOverride-1"> (impresa por Pagliarini), su supervisión de las ediciones de clásicos latinos o de la traducción italiana de Bowles (Parma, 1782) o su proyecto fallido de escritura de «un trattato sulla filosofia delle belle arti» y «un’opera curiosa di architetura» (AB </hi><hi rend="CharOverride-3">1788-I</hi><hi rend="CharOverride-3">-02</hi><hi rend="CharOverride-1">, </hi><hi rend="CharOverride-3">1800-III-04</hi><hi rend="CharOverride-1">), etcétera. Estas labores también debieron de realizarse en el espacio de trabajo del gabinete, donde, por tanto, concilió su faceta más privada con, prioritariamente, sus labores profesionales como diplomático al servicio de la Corona.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Tanto la galería de arte – con las actividades desplegadas en relación con este ámbito artístico – como el gabinete</hi><hi rend="CharOverride-1"> – con las correspondientes labores de estudio y trabajo (político y cultural) – supusieron y potenciaron el contacto de Azara, dada su posición en Roma, con una nutrida red de contactos:</hi><hi rend="CharOverride-1"> por un lado, artistas, arqueólogos, teóricos, anticuarios, coleccionistas, etc.; por otro, con una élite diplomática, dirigentes de Estado y personalidades ilustres del panorama cultural europeo.</hi></p></div><div><head><hi>5. Conclusiones</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Imprenta, biblioteca, galería de arte y gabinete, en definitiva, se confirman como espacios del saber de Azara, construidos por él mismo y mediante los que se comunicó en y con la realidad de su tiempo. Fueron para él espacios de apertura de su mundo privado, con su imagen más íntima de sí (gustos, pensamiento, modo de estar en su </hi><hi>época</hi><hi rend="CharOverride-1"> y </hi><hi>entenderla</hi><hi rend="CharOverride-1"> desde ellos</hi><hi rend="CharOverride-1">), pero a la vez su librería y galería fueron espacios de saber para socializar, ser vistos, admirados y utilizados por otros, como sus impresos con Bodoni. El binomio más perfecto entre bien particular/colectivo se logra en torno al libro/librería, lugares </hi><hi rend="CharOverride-1">propios que, para alcanzar su mayor grandeza, debían ser vistos y nombrados por otros. Azara construyó y promocionó su retrato </hi><hi rend="CharOverride-1">de sabio estoico a través de ellos: solo un análisis relacional y contextual de la identidad (Bodei 2013; Bestard-Camps 2002, 7) permite definir su figura.</hi></p></div><div><head><hi>Bibliografía</hi></head><p rend="bib_indx_bib"><hi>Álvarez Barrientos, Joaquín. 2020. </hi><hi rend="italic">El astrólogo y su gabinete. Autoría, ciencia y representación en los almanaques del siglo XVIII</hi><hi>. Oviedo: IFESXVIII/Ediciones Trea.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Benjamin, Walter. 2007. </hi><hi rend="italic">Obra completa</hi><hi>, editada por Juan Barja, Félix Duque, y Fernando Guerrero. Madrid: Abada, I/1.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Bestard-Camps, Joan. 2002. </hi><hi rend="italic">Identidades, relaciones y contextos</hi><hi>. Barcelona: Universitat.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Bodei, Remo. 2013. </hi><hi rend="italic">La vida de las cosas</hi><hi>. Buenos Aires/Madrid: Amorrortu Editores.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Bolufer Peruga, Mónica. 2007. “‘Hombres de bien’: modelos de masculinidad y expectativas femeninas, entre la ficción y la realidad.” </hi><hi rend="italic">Cuadernos de Ilustración y Romanticismo</hi><hi> 15, 7-31. </hi><ref target="https://rodin.uca.es/handle/10498/9829"><hi>https://rodin.uca.es/handle/10498/9829</hi></ref><hi> (2026-03-30).</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Cacciotti, Beatrice. 1993. “</hi><hi>La collezione di José Nicolás de Azara: studi preliminar.” </hi><hi rend="italic">Bolletino d’Arte</hi><hi> 78: 1-54.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Cacciotti, Beatrice. 1992. “Scavi Azara”. In </hi><hi rend="italic">Le erme tiburtine e gli scavi del Settecento</hi><hi>, ed. </hi><hi>Beatrice Palma Venetucci, 177-221. Milán: Leonardo-De Luca, I.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Cátedra, Pedro M. 2013. </hi><hi>“Bodoni en la Parma de los años de plomo y la égida española.” En </hi><hi rend="italic">Descartes Bibliográficos y de Bibliofilia</hi><hi>, IV, 185-268. Salamanca: SEMYR.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Cátedra, Pedro M. 2015. </hi><hi rend="italic">G. B. Bodoni, la tipografía, los funcionarios y la Corona española</hi><hi>. Salamanca/Parma: Biblioteca Bodoni. </hi><ref target="http://bibliotecabodoni.net/monografia/g-b-y-la-corona-espanola"><hi>http://bibliotecabodoni.net/monografia/g-b-y-la-corona-espanola</hi></ref><hi> (2026-03-30).</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Cera, Miriam. 2019. </hi><hi rend="italic">Arquitectura e identidad nacional en la España de las Luces. Las “Noticias de los arquitectos” de Llaguno y Ceán</hi><hi>. Madrid: Maia.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Elvira Barba, Miguel Ángel. 1993. “La actividad arqueológica de D. José Nicolás de Azara.” En </hi><hi rend="italic">La Antigüedad como argumento. Historiografía de Arqueología e Historia Antigua en Andalucía</hi><hi>, editado por F. Gascó, y J. Beltrán, </hi><hi>125-52. Sevilla: RAH y Patrimonio Nacional.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Fabbri, Maurizio, a cura di. 2008. </hi><hi rend="italic">Juan Andrés. Lettere familiari: corrispondenza di viaggio dall’Italia del Settecento</hi><hi>. Rimini: Panozzo, I.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>García Gual, Carlos, y María Jesús Imaz. 1986</hi><hi rend="italic">. La filosofía Helenística: Ética y Sistemas.</hi><hi> Madrid: Cincel.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>García Portugués, Esther. 2007. </hi><hi rend="italic">José Nicolás de Azara i la seva repercussió en l’</hi><hi rend="italic">àmbit artístic català</hi><hi>, tesis doctoral, Universitat de Barcelona. </hi><ref target="http://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/35606"><hi>http://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/35606</hi></ref><hi> (2026-03-30).</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>García Sánchez, Jorge. 2008. “José Nicolás de Azara: un icono del Grand Tour.” </hi><hi rend="italic">Espacio, Tiempo y Forma</hi><hi>, [serie IV] 21: 147-66. </hi><ref target="https://doi.org/10.5944/etfiv.21.2008.1603"><hi>https://doi.org/10.5944/etfiv.21.2008.1603</hi></ref><hi> (2026-03-30).</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>García Sánchez, Jorge. 2009. “Pintores españoles del ‘Grand Tour’.” In </hi><hi rend="italic">Francisco Preciado de la Vega. 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					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-009-backlink">1</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Para una semblanza de Azara, Sánchez Espinosa (2000) o Gimeno Puyol (2010, XIII-CI).</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-008-backlink">2</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Las citas a cartas de este epistolario serán referidas, abreviadamente, con AB (Azara-Bodoni) y fecha. Todas podrán consultarse en la </hi><hi rend="italic">Biblioteca Bodoni</hi><hi rend="CharOverride-6"> (López-Souto 2019a). </hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-007-backlink">3</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Más sobre esto en López-Souto (2019b).</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-006-backlink">4</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Sobre esta amistad, AB </hi><hi rend="CharOverride-7">1786-XI-19.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-005-backlink">5</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Este amistoso trato con Azara y Bodoni puede inferirse a partir de sus menciones como informante o intermediario entre el diplomático y el tipógrafo en AB </hi><hi rend="CharOverride-7">1790-IX-15</hi><hi rend="CharOverride-6">, </hi><hi rend="CharOverride-7">1790-IX</hi><hi rend="CharOverride-7">-22</hi><hi rend="CharOverride-6">, </hi><hi rend="CharOverride-7">1791-VIII-24</hi><hi rend="CharOverride-6">, </hi><hi rend="CharOverride-7">1791-IX-14</hi><hi rend="CharOverride-6">, </hi><hi rend="CharOverride-7">1791-IX-21</hi><hi rend="CharOverride-6"> y </hi><hi rend="CharOverride-7">1792-IV-00</hi><hi rend="CharOverride-6">. Su librería en el Corso fue frecuentada por el español y era la principal distribuidora de ediciones bodonianas en Roma.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-004-backlink">6</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Molini </hi><hi rend="italic">di Firenze</hi><hi rend="CharOverride-6">, amigo de Azara (AB</hi><hi rend="italic"> </hi><hi rend="CharOverride-7">1791-VIII-24</hi><hi rend="CharOverride-6">), servirá a este y Bodoni para contactar con Heyne (AB </hi><hi rend="CharOverride-7">1795-II-28</hi><hi rend="CharOverride-6">).</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-003-backlink">7</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Bodoni mantuvo una fluida correspondencia con sus distribuidores en el mercado francés e inglés. AB </hi><hi rend="CharOverride-7">1798-VI-17</hi><hi rend="CharOverride-6">; </hi><hi rend="CharOverride-7">1790-II-00</hi><hi rend="CharOverride-6">; y </hi><hi rend="CharOverride-7">1793-III-20</hi><hi rend="CharOverride-6">.</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-002-backlink">8</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Para la academia de Azara en Roma, activa hasta 1798, Jordán de Urríes (1995, 247), García Portugués (2007, 180-186) y García Sánchez (2009, 50).</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-001-backlink">9</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Sobre ese ambiente de jóvenes artistas españoles en Roma, García Sánchez (2009).</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_09.html#footnote-000-backlink">10</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Azara, tras tener que abandonar su colección de arte en Roma con la partida a su nuevo destino diplomático en París, manifestó siempre su deseo de recuperarla con su vuelta a Italia o, en su defecto, de destinarla en su totalidad a la Corona española para utilidad y beneficio público (García Sánchez 2010, 32).</hi></p></item>
				</list><p rend="editorial_metadata_author">Noelia López-Souto, University of Salamanca, Spain, <ref target="mailto:noelials@usal.es">noelials@usal.es</ref>, <ref target="https://orcid.org/0000-0003-0283-7042">0000-0003-0283-7042</ref> </p><p rend="editorial_metadata_polices">Referee List (DOI 1<ref target="https://doi.org/10.36253/fup_referee_list">0.36253/fup_referee_list</ref>)</p><p rend="editorial_metadata_polices">FUP Best Practice in Scholarly Publishing (DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/fup_best_practice">10.36253/fup_best_practice</ref>)</p><p rend="editorial_metadata_book">Noelia López-Souto, <hi rend="italic">Libros, sociabilidad y estoicismo: el diplomático José Nicolás de Azara y sus lugares del saber/ser,</hi> © Author(s), <ref target="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/legalcode">CC BY 4.0</ref>, DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.09">10.36253/979-12-215-0989-2.09</ref>, in Niccolò Guasti, Cinzia Recca, Mónica Bolufer Peruga, Fernando Durán López (edited by), <hi rend="italic">Accademie e luoghi del sapere tra Italia e Spagna nel lungo Settecento. Scienze, arti, letteratura, politica e sociabilità / Academias y lugares del saber en el largo siglo XVIII entre Italia y España. Ciencias, artes, literatura, política y sociabilidad</hi>, pp. -75, 2026, published by Firenze University Press, ISBN 979-12-215-0989-2, DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2">10.36253/979-12-215-0989-2</ref></p></div></div>
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