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        <title type="main" level="a">Las academias gaditanas del siglo XVIII: sociabilidad femenina y periodismo en un espacio de influencia italiana</title>
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            <forename>Marieta</forename>
            <surname>Cantos Casenave</surname>
            <placeName type="affiliation">University of Cádiz, Spain</placeName>
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          <resp>This is a section of <title>Accademie e luoghi del sapere tra Italia e Spagna nel lungo Settecento / Academias y lugares del saber en el largo siglo XVIII entre Italia y España</title>(DOI: <idno type="DOI">10.36253/979-12-215-0989-2</idno>) by </resp>
          <name>Niccolò Guasti, Cinzia Recca, Mónica Bolufer Peruga, Fernando Durán López</name>
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        <publisher>Firenze University Press</publisher>
        <pubPlace>Florence</pubPlace>
        <date when="2026">2026</date>
        <idno type="DOI">https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.38</idno>
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          <p>Available for academic research purposes</p>
          <p>Open Access</p>
          <p>Copyright Author(s)</p>
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        <p>This is original content, published for academic research purposes</p>
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        <p>The essay analyzes the cultural activities developed by the academies of Cadiz in the second half of the 18th century, with particular attention to literary activities by T. Guerra, M. G. de Hore and J.Tomasety de Aranda.</p>
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            <item>Cadiz</item>
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      <p>It is available online at https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.38<ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.38" /></p>
<div><head>Las academias gaditanas del siglo XVIII: sociabilidad femenina y periodismo en un espacio <lb/>de influencia italiana </head><p rend="h1_author ParaOverride-1"><hi>Marieta Cantos Casenave</hi></p><div><head><hi>1. Cádiz en el siglo XVIII</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Desde que en 1717 se trasladara desde Sevilla a Cádiz la Casa de Contratación con Indias, la ciudad se caracterizó por una relevante presencia administrativa, una no menos poderosa élite aristocrática y una burguesía de negocio. En todos estos estamentos tuvieron presencia destacada los genoveses como Bernardo Recaño Muz, José María Enrile, Tomás Miconi Cambiaso, Francisco de Paula María Micón, marqués de Méritos, y Eustaquio Pedemonte (Brilli, 2013), entre otros italianos como Sebastián Lasquetti, que fue regidor de la ciudad (Cambiaso </hi><hi rend="CharOverride-1">1829, 98). Fue precisamente la demanda de algunas de las naciones más numerosas el motivo por el que se abrió un coliseo para la ópera italiana, así como un teatro de comedia francesa, que venían a completar la oferta del teatro de comedia donde se representaban obras en español.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">A principios del XVIII, Cádiz era, además, un importante asentamiento de población militar. En 1717 había sido creada la Academia de Guardias Marinas para los oficiales, el Cuerpo de Pilotos había establecido sus escuelas entre 1748 y </hi><hi rend="CharOverride-1">1751, el Real Colegio de Cirugía de la Armada fue creado en 1748 y el Observatorio de Marina en 1753. Algunas de las academias surgieron precisamente de la mano de renombrados marinos como Jorge Juan, que junto con el matemático Luis Godín y el médico Pedro Virgili, celebraron las sesiones de la denominada Asamblea Amistosa Literaria, cada jueves entre 1755 y 1758, en la casa que tenía Jorge Juan en el Pópulo. Algo más de una década después, Antonio de Ulloa mantendría una tertulia diferente en la que también participarían otros marinos como Gonzalo de Cañas (Morand 2003, 49). A esta siguió </hi><hi rend="CharOverride-1">en 1785 un Estudio de Bellas Artes, que dio origen a la Academia de Tres Nobles Artes, que empezó a funcionar en febrero de 1789 (Vila Martínez 2017, 60-61 y 71-72).</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Para atender la necesidad de entretenimiento y de integración de la población flotante surgieron espacios como la Casa de la Camorra, donde no solían faltar para cubrir las necesidad de información y de ocio «los papeles públicos» entre los que se encontraba la emergente prensa cultural y sobre todo la noticiera, </hi><hi rend="CharOverride-1">que facilitaba que los asistentes a aquel liceo leyeran «con silencio y buen armonía» aquellas informaciones que podían necesitar para sus transacciones comerciales (Cruz y Bahamonde 1813, 273). Los lectores de Cádiz podían escoger entre una notable variedad de periódicos para informarse y entretenerse: </hi><hi rend="italic">La Pensadora Gaditana </hi><hi rend="CharOverride-1">(1763-64), </hi><hi rend="italic">La Academia de Ociosos</hi><hi rend="CharOverride-1"> (1763-64), El </hi><hi rend="italic">Hebdomadario de Cádiz</hi><hi rend="CharOverride-1"> (1788-90), </hi><hi rend="italic">El Argonauta españo</hi><hi rend="CharOverride-1">l, del bachiller del</hi><hi rend="italic"> </hi><hi rend="CharOverride-1">Real Colegio de Cirugía de la Armada, de Pedro Gatell.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Estas son las circunstancias que favorecieron la actividad amistosa y literaria de Teresa Guerra, M</hi><hi rend="CharOverride-1">aría Gertrudis de Hore y Joaquina Tomasety de Aranda, que dan cuenta en sus obras de aquella sociabilidad literaria gaditana.</hi></p></div><div><head><hi>2. Las protagonistas</hi></head><div><head><hi>2.1. Teresa Guerra</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">No se sabe apenas nada de esta sevillana de Osuna, a quien se le supone hija de Felipe Guerra, servidor del duque de Osuna, pues sus poesías están dedicadas a Francisca Bibiana Pérez de Guzmán, duquesa de Osuna (Cruz 2022, 301). </hi><hi rend="CharOverride-1">Afincada en Cádiz y, al parecer, persuadida por sus apasionados, se decidió a publicar en Madrid «lo que por tantas razones debí dar al silencio» (Guerra 1725, 3vto.), como indica en sus </hi><hi rend="italic">Obras poéticas que a diferentes asuntos ha escrito doña Teresa Guerra</hi><hi rend="CharOverride-1">. Hasta ahora no se conocen muchas más noticias de esta escritora, pero un examen cuidadoso de la obra ofrece más datos, </hi><hi rend="CharOverride-1">entre los que cabe destacar que Teresa vivió por algún tiempo en El Puerto de Santa María y realizó breves estancias en otras poblaciones gaditanas como Chiclana, La Isla – actual San Fernando – y Medina Sidonia.</hi></p></div><div><head><hi>2.2. Joaquina Tomasety</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Nació en Cádiz en la segunda mitad del siglo. Ha dejado una reducida obra de la que destaca </hi><hi rend="CharOverride-1">un manuscrito dedicado al Duque de Alcudia, donde se presenta a sí misma como «individua del Real Cuerpo del Ministerio de Marina» (Tomasety 1796, 1). Por el prólogo en octavas se conoce que era una dama española, casada con Manuel de Aranda de Arrieta, contador de la Armada</hi><hi rend="CharOverride-1">, y tal vez con un hijo y una hija a los que alude de forma genérica. Según pudo ver Serrano y Sanz (1905, 545) en la biblioteca del Duque de T’Serclaes, fue autora también de una «Carta que escribe Doña Joaquina Tomasety de Aranda a su venerada Excma. Sra. Condesa de Paredes, dando gracias por su política y pronta contestación. Contiene dos décimas, un soneto, dos octavas y cincuenta títulos de comedías que van señalados». No he podido ver dicha carta, firmada en Cádiz a 15 de abril de 1796.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Murió después de 1853, según se deduce de la partida de matrimonio de su hija María Fernández de Aranda con Manuel García Vidal el 28 de diciembre de 1853 (Family Se</hi><hi rend="CharOverride-1">arch).</hi></p></div><div><head><hi>2.3. María Gertrudis de Hore </hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Esta escritora nació en Cádiz en 1742. Era hija de los irlandeses Miguel Hore y María Ley, una familia dedicada al comercio y pasó su vida entre esta ciudad, El Puerto de Santa María y la Isla de León, con algunos viajes a Madrid.</hi><hi rend="CharOverride-1"> Se casó a los diecinueve años con el comerciante Esteban Fleming. Gertrudis tuvo un hijo que murió de viruelas y por uno u otro motivo ingresó en el convento de clausura de las monjas descalzas de la Purísima Concepción de Cádiz en 1778. La leyenda que escribió Fernán Caballero deja entrever que el adulterio pudo ser el motivo de tal resolución, que adoptó con permiso del marido.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Escribió un poema titulado «Una dama adoptiva de Febo», lo que unido a su belleza la hizo ser conocida como La hija del Sol. También publicó en Cádiz, en 1768, unas Endechas reales en honor de María </hi><hi rend="CharOverride-1">del Rosario Cepeda, entre otros poemas.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Murió en Cádiz, en el convento de las Descalzas en 1801.</hi></p></div></div><div><head><hi>3. Los testimonios de las academias y sus prácticas de sociabilidad</hi></head><div><head><hi>3.1. El círculo de Teresa Guerra</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">La primera referencia a la asamblea literaria en la que participó Teresa se localiza en el poema «Don Joseph Antonio Mallén persuade a la poetisa en los siguientes versos que permita se den sus poesías a la estampa»:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Ya que conseguí, señora, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>gracias a mi diligencia, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>que venciese a tu avaricia </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>de un amigo la largueza; </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>ya que a cautelosa maña </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>cediste en la impertinencia</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>de hacer mala obra al gusto </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>con ocultar tantas buenas;</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>y ya, en fin, señora, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>que tus ocios o tus tareas</hi><hi rend="CharOverride-2"> </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>vienen diciendo a mis manos, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>«Dios te la depare buena», </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>permíteme que te diga</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>como si nada dijera, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>que eres ingrata a los cielos </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>por ser tirana a la tierra </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>pues, si providente aquel </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>en benignas influencias, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>solo a ti da tantas gracias</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>como nueve juntas cuentan, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>¿por qué tú este beneficio</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>injustamente desprecias, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>pudiendo ser, de aquel coro </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>del Parnaso, la abadesa? (Guerra 1725).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En estos versos, Mallén testimonia, por tanto, la existencia de una academia literaria, «aquel coro del Parnaso», que por aquel entonces llevaba celebradas nueve sesiones, en las que Teresa Guerra era considerada digna de presidir aquellas congregaciones. José Antonio Mallén y Castro</hi><hi rend="CharOverride-1"> vivía en Sevilla en 1710, donde había publicado unos</hi><hi rend="italic"> Cordiales afectos</hi><hi rend="CharOverride-1">, pero en 1723 Mallén estaba destinado en el departamento marítimo de Cádiz, donde era comisario de Guerra y de Marina, de modo que tal vez fue en esta ciudad donde conoció a Teresa.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por el examen de los paratextos de la obra de Guerra, se conoce la existencia de «otros apasionados»</hi><hi rend="CharOverride-1">. En su presentación al lector la autora asegura haber roto el silencio, por las «repetidas corteses instancias». También parece ser uno de sus más afectos Francisco López Bechio de Aro, abogado de los Reales Consejos, que al otorgar la licencia a la obra destaca «su inimitable erudición»</hi><hi rend="CharOverride-1">, «artificiosa variedad», la «pulcritud». Es Bechio quien informa de que era natural de Osuna y que «pasó de su patria a enriquecer con sus escritos la nobilísima Cádiz, lo que, anteviendo como sabios sus generosos ciudadanos, celebraron agradecidos con muy anticipados júbilos los exquisitos conceptos de esta dama» (Guerra, 1725; Martos, 2015)</hi><hi rend="CharOverride-1">.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Junto al texto de Mallén figura el «Soneto en elogio de la heroica pluma de nuestra escritora» de don Gabriel Gilberto Cavalleri y Villalobos. Este profesor de Sagrados Cánones y Leyes en la Universidad de Salamanca firmaba la censura de los </hi><hi rend="italic">Desprecios prácticos del piscator de Salamanca a los prácticos avisos de D. Gerónimo Ruiz de Benecerta dedicados a los señores majaderos, tontos, ignorantes, salvajes y necios del mundo</hi><hi rend="CharOverride-1">, pero, además, </hi><hi rend="CharOverride-1">Cavalleri era uno de los «quendos», de la academia burlesca denominada «Quendada», que había sido «constituida como imitación paródica de las serias que tanto abundaban por aquel tiempo» (Garau,</hi><hi rend="CharOverride-1"> y Madroñal 2016, 11). A ella hace referencia Torres Villarroel, que era uno de sus miembros, en el trozo tercero de su </hi><hi rend="italic">Vida</hi><hi rend="CharOverride-1">, con la denominación de Colegio o Academia de «el Cuerno, de la Muerte o de los Quendos de la muerte» (Garau, y Madroñal 2016, 12</hi><hi rend="CharOverride-1">-14). Por todo ello cabe suponer que posiblemente Teresa Guerra tuvo también algún tipo de relación literaria tanto con Torres Villarroel como con Cavalleri.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Pero la lectura de sus poemas nos ofrece algunas pistas más acerca de su vida y de las relaciones de sociabilidad que mantuvo hasta la fecha de la publicación de su obra. Sin duda</hi><hi rend="CharOverride-1">, el más claro a este respecto, como ya viera Emilio Palacios (2002), es el poema «Presidiendo de repente un Certamen, a instancias de un caballero su apasionado» (Guerra 1725, 54-58), en el que menciona a don Diego de Landa, un personaje vinculado a Vicente Acero, arquitecto de la catedral nueva de Cádiz (Marías 2007, 88). </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Otro de sus apasionados aparece aludido en el poema «</hi><hi rend="CharOverride-1">Un día que llovía, pidió a la Poetisa este Romance Don Joseph de Barrios, por los siguientes versos» (pp. 13-15). El mismo sujeto es destinatario de la carta en verso con que contestó Teresa «Por no haber estado en casa cuando llegó este papel, respondió al otro día» (Guerra 1725, 15-21; 25). Posiblemente se trate de Jacinto José de Barrios San Juan, </hi><hi rend="CharOverride-1">que era soltero, cargador de Indias y vecino de El Puerto de Santa María, donde murió en 1777 (Iglesias Rodríguez 1991, 376-79). </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Una relación diferente se vislumbra en la «Carta en que responde a su hermano quien le dio noticia de tenerse por cierto se ha</hi><hi rend="CharOverride-1">bía entrado en religión Don Eugenio Gerardo» (Guerra 1725, 21-28), que firma con el seudónimo Celia. De esta epístola se deduce que el hermano consideraba que el estado de Gerardo Lobo interesaba a Teresa Guerra, cuestión que merecería una investigación más amplia. Por otra parte, en el poema «Un ca</hi><hi rend="CharOverride-1">ballero Rector de cierta Universidad la escribió los siguientes versos en vista de la Carta antecedente» se pone de manifiesto que la escritora seguía manteniendo sus amistades de Osuna y, por la «Carta que respondió à un hermano suyo, Lector de Teología, del orden de Predicadores habiéndole noticiado la muerte del Señor Don Fr. Manuel de Santo Tomás, Obispo de Má</hi><hi rend="CharOverride-1">laga» parece que también eran estrechas con la jerarquía eclesiástica. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por otra parte, la «Relación, que compuso la Poetisa, para que representase una señora su amiga», permite imaginar que Teresa también participó en tertulias literarias femeninas.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Finalmente, el poema «Crisis sobre un</hi><hi rend="CharOverride-1"> sermón del Príncipe de los Apóstoles San Pedro, que se predicó en verso en la Ciudad de Medina Sidonia» (Guerra 1725, 106-37), con que acaba la obra, además de situar a la poeta en esta población gaditana</hi><hi rend="CharOverride-1"> muestra una veta humorística insólita por las burlas con que censura la calidad poética del sermón y al cura que lo aprobó (Cruz 2022, 310). Si bien es cierto que un humor más desenvuelto había ensayado en otro poema dirigido al rector de Osuna: «En ocasión que padecía este mismo sujeto un grano o apostema en el orificio y le curaba un Cirujano llamado Corro, envió a saber de su enfermedad, en los siguientes Versos». A propósito de rimas como</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Se ha dicho, que padecías</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Un naufragio en el estrecho;</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Y a Banderas desplegadas,</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Caminabas con mal viento.</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Y que el bajel les decía:</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Ya Corro, ya me estoy quedo,</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>A los navegantes, sea</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>La borrasca para ellos.</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Emilio Palacios señaló el tono chusco y grosero de parte de su poesía, sin embargo,</hi><hi rend="CharOverride-1"> más bien cabría interpretarlo como muestra de la liberación de la poesía de este siglo, como ha reivindicado Cruz (2022, 309). En todo caso, su tono concuerda muy bien con los versos burlescos producidos por la Academia de la Quendada, que han estudiado Garau y Madroñal (2016, 16-17). </hi></p></div><div><head><hi>3.2.</hi><hi> Las aspiraciones de Joaquina Tomasety</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Aunque sea un texto de escaso valor literario, que evidencia un escaso dominio retórico y resulta bastante confuso, tiene el interés de aludir a las academias como espacio de ilustración. Como el Espíritu de la nación española (1795), que sí ha tenido mayor atención crítica, a pesar de que quedó finalmente inédita (Bolufer Peruga)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-3"><hi><ref target="xml_38.html#footnote-001">1</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">, esta obra la dedicó también al Duque de Alcudia: «Héroe grande, ilustre y generoso, a</hi><hi rend="CharOverride-1"> vuestros pies se acoge el agitado aliento femenil, que fervoroso teme verse abatido y despreciado». </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Le sigue un Prólogo en Octavas, en que pide atención de los hombres de la corte: </hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Escuchad cortesanos elocuentes,</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>De una Dama Española la fineza,</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Vuestros juicios amados y excelentes,</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>No traten su discurso con tibieza:</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>De Plutarco escuchan los eminentes</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Renombres que dirige a la agudeza,</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>De Clea, declamando en armonía</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>La sapiente virtud de su energía.</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">La referencia a Plutarco y a Clea se aclara en una nota sin numerar, que remite a la obra de Plutarco que ella denomina </hi><hi rend="italic">Acciones virtuosas de las Mujeres</hi><hi rend="CharOverride-1">, dedicada a Clea. Esta era sacerdotisa de Dionisos en Delfos, además de hija de un matrimonio amigo del filósofo. Según el texto no hay razón para distinguir entre las virtudes de los hombres y las de las mujeres y estas deben recibir igual homenaje público después de muertas (Mirón Pérez 2012, 214). Cabe señalar, también,</hi><hi rend="CharOverride-1"> que Plutarco destacaba en Clea la virtud de ser una gran lectora (Mirón Pérez 2012, 216), reconocimiento al que tal vez aspirara Joaquina Tomasety.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Pero antes de empezar con su discurso Joaquina realiza una exposición de circunstancias que explicitan que su dedicación a la escritura estuvo auspiciada por su marido y que, cumpliendo con el tópico, su formación tenía lugar una vez que había cumplido con todas las obligaciones familiares.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por lo que se refiere a la sociabilidad, Joaquina </hi><hi rend="CharOverride-1">considera que «El trato y la sociedad son las dos circunstancias que suelen descubrir los quilates y gracias del ingenio», unas cualidades que reunían las nobles damas atenienses porque «oían continuamente hablar de la Filosofía, Política y versos y por tanto se introducía en sus grandes Ánimos insensiblemente el gusto de tan heroica facultad». Esas costumbres convirtieron las casas de aquellas nobles en «escuelas de diversos gustos, […] a donde </hi><hi rend="CharOverride-1">concurrían los Poetas con el fin de aprender conceptos» (Tomasety 1796, 5). Puede intuirse, por tanto, que el que por la profesión militar de su marido el matrimonio tuviera que trasladarse de ciudad cada cierto tiempo no favorecía las relaciones sociales, que Joaquina parece echar de menos.</hi></p></div></div><div><head><hi>3.3. María Gertrudis de Hore y el círculo de Ulloa en Cádiz</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Como ya puso de manifiesto Fréderic Morand (2003, 107-13), un somero análisis de la poesía de María Gertrudis de Hore evidencia la participación de la gaditana en una tertulia del marino de Antonio de Ulloa, que había empezado a vivir en una calle en la calle de las Descalzas en 1769, la misma en la que lo visitaría Townsend en 1787 (López Vázquez 2021: 277). La información la ofrece la propia escritora en la «</hi><hi rend="CharOverride-1">Despedida que dejó escrita al marchar de Cádiz a Madrid la Hija del Sol para las damas de la tertulia de don Antonio de Ulloa», escribía: </hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>No me culpéis de ingrata, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>mis amables amigas,</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>si anoche al despedirme </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>oculté mi dolor a vuestra vista. </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Mi corazón sensible </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>¿cómo resistiría, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>si añadiera a la pena </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>el pesar de una triste despedida?</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Aquel sencillo gozo, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>con que todas se unían</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>a hacer la concurrencia </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>cuanto más agradable más festiva (Hore 2003, 225-26).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Por tanto, la participación de Gertrudis de Hore en el círculo de Ulloa en Cádiz pudo empezar en 1770 o tal vez un año antes, fecha en que Ulloa llegó a Cádiz y poco después de que María Gertrudis y su marido volvieron a Cádiz, tras una estancia en El Puerto (Morand 2003, 49). Un año antes, en 1768 había firmado,</hi><hi rend="CharOverride-1"> como «dama adoptiva de Febo», unas Endechas reales en honor de María del Rosario Cepeda. Por este seudónimo y por su belleza empezó a ser conocida como La hija del Sol. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">No obstante, el poema de despedida de María Gertrudis debió escribirse antes de 1775 pues tuvo «Contestación de G. de Cañas», que murió ese año, en nombre de sus amigas de la tertulia:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Amada Tertuliana, </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>bella y discreta amiga </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>que nuestras diversiones </hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>aumentaba tu dulce compañía</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>¿Cómo ausentarte puedes</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Sin que seas sentida</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>Cuando la pena deja</hi></quote><quote rend="quotation_b"><hi>de llevarle el placer que da tu vista? (Morand 2003, 227)</hi><hi> </hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">El firmante, Gonzalo de Cañas, era matemático y astrónomo, profesor en la Academia de Guardia Marina y acompañó a Jorge Juan en su empleo como embajador en Marruecos (Morand 2003, 109). Era capitán de fragata en 1773, según indica el testamento de Ulloa (Solano Pérez-Lila 1999).</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">La relación de personas con las que trató María Gertrudis permite comprobar las estrechas relaciones entre irlandeses, pero también sus conexiones </hi><hi rend="CharOverride-1">con la élite mercantil y marítima gaditana. Su primo Eduardo Murphy era, además, sobrino del irlandés Pedro Langton y Antonio Murphy aparece consignado en el testamento de Antonio de Ulloa (Morand 2003, 109). Asimismo Francisco Guerra de la Vega, comerciante y naviero cántabro con residencia en Puerto Real (Iglesias, 2016) fue otra de las asiduas amistades de Ulloa y de la Hija del Sol (Morand 2003, 109).</hi></p></div><div><head><hi>4. Las ideas de </hi><hi rend="italic">La Pensadora Gaditana</hi><hi> sobre las mujeres en sociedad </hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Aunque no parece que la periodista gaditana participara de la sociabilidad de las academias, sí tenía noticia de ellas, según aparece en el Prólogo, al adelantarse a las voces críticas contra la autoría femenina:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Según la más común opinión masculina, parecerán paradojas mis intentos, viendo que una mano, a quien naturaleza destinó para gobernar la aguja, manejar la rueca, y empuñar la escoba, se atreve, sin permiso de las Universidades, de los Colegios, y las Academias, a tomar la pluma, ojear los libros, y citar Autores; y en tiempo en que solo pensamos en las modas, en los peinados, en las batas, y en los cortejos (Cienfuegos 1763 I, 7).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">También hace mención de las tertulias masculinas, en las que asegura que es «asunto ordinario» el «motejarnos</hi><hi rend="CharOverride-1">» (Cienfuegos 1763 I, 264)</hi><hi rend="notes_number CharOverride-3"><hi><ref target="xml_38.html#footnote-000">2</ref></hi></hi><hi rend="CharOverride-1">. Por eso Beatriz Cienfuegos, no se muestra propicia a que las mujeres acudan a visitas, bailes y carnaval y otras reuniones de carácter mixto (Cienfuegos 1764 III, 157-77) y asegura que las costumbres de las mujeres del norte son más sobrias que las de las gaditanas, una alusión que concuerda con el tópico dieciochesco sobre la desenvoltura de las mujeres de Cádiz.</hi></p></div><div><head><hi>5. </hi><hi rend="italic">La Academia de Ociosos</hi><hi>, espejo de sociabilidad</hi></head><p rend="text"><hi rend="italic">L’Accademia degli Oziosi</hi><hi rend="CharOverride-1"> fue fundada en Nápoles en 1611 y tuvo continuidad en el siglo XVII, dedicada a los estudios de la Antigüedad, por contraposición a </hi><hi rend="CharOverride-1">«la más moderna </hi><hi rend="italic">Accademia delle Scienze</hi><hi rend="CharOverride-1"> establecida en 1732», en la que participaba el genovés Paolo Mattia Doria (Scandaleri 2008, 99). Este es el trasfondo literario sobre el que el autor del periódico misceláneo, Flores Valdespino,  publica </hi><hi rend="italic">La Academia de Ociosos</hi><hi rend="CharOverride-1"> (1763-64).</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">A modo de ejemplo, este periódico cultivó temas históricos en «Historia de la grandeza y antigüedad de Cádiz</hi><hi rend="CharOverride-1">», de carácter político en la «Disertación sobre la Laponia, el gobierno y costumbres de sus pueblos», filosóficos en «Ensayo histórico sobre la Filosofía», de Lógica en el «Tratado de la lógica»</hi><hi rend="CharOverride-1"> y de Costumbres en «Viaje en sueños a la corte de la avaricia».</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">La </hi><hi rend="italic">Academia</hi><hi rend="CharOverride-1"> de Flores Valdespino se sucede en entregas mensuales a las que son convocadas los lectores, con discursos no monotemáticos y con hibridación de distintas modalidades desde los sueños morales, como el mencionado «Viaje en sueños a la corte de la avaricia</hi><hi rend="CharOverride-1">», al diálogo, que se refleja en la «Carta en que se refiere cierta conversación entre una dama literata y un caballero ignorante».</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">La intención que manifiesta el periodista es procurar «no ser tantos en las conversaciones, hacer papel en el trato, no verse precisados a enmudecer o hablar desatinos», así como poder introducir otros temas de conversación diferentes a «los defectos ajenos, las modas, la inclemencia del frío, lo riguroso del calor, lo destemplado de la estación, las gracias de sus hijos, los descuidos de sus criados, a historia de sus enfermedades, lo raro de sus sueños»</hi><hi rend="CharOverride-1">.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Flores Valdespino se burla de que «ya un hombre de conveniencias puede ser escritor», pero también de que «la impresión de obras puede alternar con la Visita, el Paseo, la Comedia, el Baile, la Ópera» y que «lo mismo es formar un Escrito, que jugar una mano, tocar un Minué, o cantar un Aria». </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Como Beatriz Cienfuegos,</hi><hi rend="CharOverride-1"> no parece ser muy apasionado de las mujeres que aparentan tener instrucción: </hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>Yo conocí una señorita en mi tierra que no había leído otra cosa; pero lo tenía todo en la uña y era la crítica de los estrados; todos la oían con la boca abierta, ella sola tenía para todos, nadie chistaba en su presencia, nos embobaba con su conversación y todos la miraban como oráculo. Los catedráticos la consultaban en materia de noticias; con esto y con alguna añadidura de Gacetas, era una fuente inagotable de erudición (Valdespino 1763, 36-37).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Pero tampoco se queda atrás al censurar a algunos hombres:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>No se maraville Vm. pues, que pretendiera quitarle el Libro de la mano, y disuadirle su lectura. Estos son de aquellos que cuando toman un libro en la mano, es como si tomaran un abanico, lo abren por medio y lo vuelven a cerrar: la encuadernación el papel y la letra, es lo que les llama la atención, y si tuviere alguna lamina o figura: por lo demás ya están enterados, sin cuidar quien es el Autor, ni de qué trata. Jamás los verá Vm. abrir el Libro por la primera hoja. Estos son de aquellos que solo han leído por casualidad, por extravagancia, o para entretener la impaciencia de aguardar al Peluquero, algunos retazos de Comedias, y Novelas, que jamás han acabado. Su lectura está reducida a ver en la Gaceta solo el capítulo de Madrid, menos la noticia de los Libros nuevos. Son de aquellos que dice Góngora, que cuándo se les lee un Soneto, al segundo cuarteto ya sacan el reloj, o preguntan a quien lo lee qué hora es? Y oyen en pie el segundo terceto, porque no saben, cuándo llegará el fin de aquellos versos largos (Respuesta a la «Carta en que se refiere cierta conversación entre una Dama literata, y un Caballero ignorante</hi><hi>»).</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En cualquier caso, tal vez lo más interesante proviene de la crítica de un «nuevo» académico, Carlos Rosa de la Zarza, autoproclamado «Censor de la Academia», siguiendo «</hi><hi rend="CharOverride-1">puntualmente a las constituciones que Vm. prescribe en su Prólogo, al cual miro como único instrumento de su fundación». En esta tesitura le plantea el siguiente interrogante retórico:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>¿Que ya no es menester ligarse a un asunto, ilustrar todas sus partes, buscarles lugar con proporción y simetría a todo el cuerpo, sino tirar líneas a todas partes, hablar vario, y solo lo que se sabe, cuando se halla duro quedarse a flor de tierra, no profundizar sino lo que es fácil, y en fin escribir sin más prevención, ni perfiles, que los que se gastan para decidir en una conversación, entretener el tiempo en un estrado, y dar su voto en una tertulia? </hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">Con el objetivo de que Flores Valdespino consiga tener mayor número de lectores, Carlos Rosa de la Zarza le aconseja:</hi></p><quote rend="quotation_b"><hi>En lugar de asuntos frívolos, y pesados, elija materias gustosas, e interesantes; v. g. en lugar de Descripciones Históricas Geográficas, de Reflexiones Políticas, y Morales, de Discursos Filosóficos, y otras cosas igualmente insulsas, y despreciables, trate del importantísimo punto de la Marcialidad, aunque no se entienda bien lo que significa, esta voz, intente desterrar, (como otro Cervantes los libros de Caballería) los disparatados Romances de nuestros Quijotes Modernos, hable contra los Casados pacientes, contra los puntillos de falso honor, contra la afeminación de los hombres, contra las dos diferencias de Tapadas, con Manto, y con Abanico, y otras materias recónditas…</hi></quote><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">No obstante, a tenor de lo expresado, tal vez quepa preguntarse si era realmente tan apasionado de </hi><hi rend="italic">La Pensadora Gaditana</hi><hi rend="CharOverride-1"> o este Censor era otro </hi><hi rend="italic">alter ego</hi><hi rend="CharOverride-1"> del periodista, que buscaba así suscitar una polémica capaz de atraer a nuevos lectores.</hi></p></div><div><head><hi>6. </hi><hi>Algunas consideraciones finales</hi></head><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">El Cádiz del siglo XVIII fue un espacio propicio para la sociabilidad. Tanto los miembros de naciones como la francesa, irlandesa o italiana, como miembros de instituciones como la Marina tenían la necesidad de integrarse en la vida cultural y festiva de la población.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">De esta sociabilidad participaron Teresa Guerra y María Gertrudis de Hore. Joaquina Tomasety ansió esta posibilidad, que no parece haber conocido sino de lecturas. En </hi><hi rend="CharOverride-1">sus testimonios, Madrid aparece como referencia de tertulias y academias a las que sí parece que acudió Hore y tal vez Guerra, pero la mayor parte de estos testimonios se refieren a Cádiz.</hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">El Puerto de Santa María y la Isla de León son también algunas de las sedes de residencia y tertulias de estas escritoras vinculadas con el mundo de la marina militar o mercantil. </hi></p><p rend="text"><hi rend="italic">La Pensadora Gaditana</hi><hi rend="CharOverride-1"> no ofrece mucha información sobre la sociabilidad y se muestra contraria a la participación de las mujeres en este tipo de actividades sociales. Su interés en esta cuestión reside más bien en haber provocado la creación del periódico </hi><hi rend="italic">La Academia de Ociosos</hi><hi rend="CharOverride-1">, posiblemente inspirada en la L’Accademia degli Oziosi</hi><hi rend="CharOverride-4"> </hi><hi rend="CharOverride-1">del siglo XVII.</hi><hi rend="CharOverride-4"> </hi><hi rend="CharOverride-1">Este periódico</hi><hi rend="CharOverride-4"> </hi><hi rend="CharOverride-1">puede leerse como una Academia convocada mensualmente por el autor, con unos estatutos expuestos en el prólogo y otras ordenanzas y disposiciones reglamentarias que se explican en el resto de advertencias.</hi></p><p rend="text"><hi rend="italic">La Academia de Ociosos</hi><hi rend="CharOverride-1"> representa a la sociabilidad informal gaditana de su época, en la que las mujeres exhiben sus aspiraciones a participar del saber académico. Contra lo previsto por este periodista, las gaditanas siguieron afanándose por cultivar su intelecto, tal como había defendido también Beatriz Cienfuegos, aunque esta no fuera proclive a las tertulias y reuniones mixtas. </hi></p><p rend="text"><hi rend="CharOverride-1">En resumen, el análisis de las obras de estas escritoras, y no solo de sus paratextos, sumado al de la prensa de la época, permite profundizar en las redes de sociabilidad y las prácticas culturales que caracterizaron la vida gaditana del siglo XVIII.</hi></p></div><div><head><hi>Bibliografía</hi></head><p rend="bib_indx_bib"><hi>Altamira y Crevea, Rafael. 1914. </hi><hi rend="italic">Historia de España y de la civilización española</hi><hi>. Barcelona: Juan Gili, 3ª edición.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Bolufer Peruga, Mónica. (2007) 2009. “Mujeres de letras. Escritoras y lectoras del Siglo XVIII.” Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Las citas se refieren a la edición de 2009.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Brilli, Catia. 2013. “La importancia de hacerse español: la élite mercantil genovesa de Cádiz en el siglo XVIII.” In </hi><hi rend="italic">El sistema comercial español en la economía mundial (siglos XVII-XVIII).</hi><hi rend="italic"> </hi><hi>Homenaje a Jesús Aguado de los Reyes, editado por Isabel Lobato Franco, y José María Oliva Melgar, 225-55. Huelva: Universidad de Huelva.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Bustos, Manuel. 1991. </hi><hi rend="italic">Historia de Cádiz. Los siglos decisivos</hi><hi>. vol. 2.</hi><hi> Madrid: Sílex.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Cambiaso y Verdes, Nicolás María. 1829-30. </hi><hi rend="italic">Diccionario de personas célebres. Memorias para la biografía y para la bibliografía de la isla de Cádiz</hi><hi>, 2 vols. 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Cádiz. <ref target="http://hdl.handle.net/10498/28959">http://hdl.handle.net/10498/28959</ref></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Mallén, José Antonio. 1710. </hi><hi rend="italic">Cordiales afectos, que en ecos demostrativos ofrece la lealtad, en el feliz suceso de la restitución de Madrid, por las armas de nuestro católico rey y señor don Felipe V el Animoso y fuga vergonzosa de los enemigos de su Corona el día 4 de Diciembre año de 1710</hi><hi>. Sevilla: por Juan de la Puerta, Imprenta de las Siete Revueltas.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Marías, Fernando. 2007. “La Catedral de Cádiz de Vicente de Acero: La provocación de la arquitectura ‘crespa’.</hi><hi>” </hi><hi rend="italic">Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte</hi><hi> XIX: 79-103.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Martos Pérez, María Dolores. 2015. “Receptores históricos y conciencia autorial en paratextos de impresos poéticos femeninos (1600-1800).” </hi><hi rend="italic">Criticón</hi><hi> 125. </hi><ref target="https://doi.org/10.4000/criticon.2167"><hi>https://doi.org/10.4000/criticon.2167</hi></ref><hi> (2026-03-30).</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Palacios, Emilio. 2002. </hi><hi rend="italic">La mujer y las letras en la España del siglo XVIII</hi><hi>. 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Madrid-Frankfurt: Iberoamericana-Vervuert.</hi></p><p rend="bib_indx_bib"><hi>Vila Martínez, Juan Antonio. 2017. </hi><hi rend="italic">El asociacionismo en la ciudad de Cádiz (1800-1874)</hi><hi>. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.</hi></p><list rend="numbered">
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_38.html#footnote-001-backlink">1</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Bolufer Peruga localizó el expediente en el Archivo Histórico Nacional, Estado, 3248 (8). No deja de ser curioso que Rafael Altamira se hiciese eco de este poema, aunque lo califica de tratado político-sociológico (Altamira y Crevea 1914, 315).</hi></p></item>
					<item><p rend="layout_notes"><hi rend="notes_number CharOverride-5"><ref target="xml_38.html#footnote-000-backlink">2</ref></hi><hi rend="CharOverride-6">	</hi><hi rend="CharOverride-6">Una crítica similar se percibe en el discurso de </hi><hi rend="italic">El cajón de sastre catalán</hi><hi rend="CharOverride-6">, número quinto, «La poesía en el Estrado y Academia en la visita».</hi></p></item>
				</list><p rend="editorial_metadata_author">Marieta Cantos Casenave, University of Cádiz, Spain, <ref target="mailto:marieta.cantos@uca.es">marieta.cantos@uca.es</ref>, <ref target="https://orcid.org/0000-0002-6400-5084">0000-0002-6400-5084</ref></p><p rend="editorial_metadata_polices">Referee List (DOI 1<ref target="https://doi.org/10.36253/fup_referee_list">0.36253/fup_referee_list</ref>)</p><p rend="editorial_metadata_polices">FUP Best Practice in Scholarly Publishing (DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/fup_best_practice">10.36253/fup_best_practice</ref>)</p><p rend="editorial_metadata_book">Marieta Cantos Casenave, <hi rend="italic">Las academias gaditanas del siglo XVIII: sociabilidad femenina y periodismo en un espacio de influencia italiana,</hi> © Author(s), <ref target="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/legalcode">CC BY 4.0</ref>, DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2.38">10.36253/979-12-215-0989-2.38</ref>, in Niccolò Guasti, Cinzia Recca, Mónica Bolufer Peruga, Fernando Durán López (edited by), <hi rend="italic">Accademie e luoghi del sapere tra Italia e Spagna nel lungo Settecento. Scienze, arti, letteratura, politica e sociabilità / Academias y lugares del saber en el largo siglo XVIII entre Italia y España. Ciencias, artes, literatura, política y sociabilidad</hi>, pp. -416, 2026, published by Firenze University Press, ISBN 979-12-215-0989-2, DOI <ref target="https://doi.org/10.36253/979-12-215-0989-2">10.36253/979-12-215-0989-2</ref></p></div></div>
      <div>
        <listBibl>
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    </body>
  </text>
</TEI>